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La mujer que cambió la historia mil años después

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¿Qué ocurre cuando una tumba permanece mil años en silencio y ya que finalmente creemos haber escuchado su historia, descubrimos que aún tenía algo más que decirnos?


Durante años, los arqueólogos pensaron que uno de los entierros más importantes encontrados en Cañada de la Virgen pertenecía a un hombre de alto rango.
La evidencia disponible en aquel momento parecía apuntar en esa dirección y el hallazgo fue conocido como «El Jerarca».
El entierro fue localizado al interior del llamado Templo Rojo, una de las estructuras más importantes del conjunto ceremonial. Junto a los restos humanos aparecieron numerosas ofrendas y vasijas depositadas como parte de los rituales funerarios. Algunas de ellas habían sido rotas intencionalmente, una práctica que los arqueólogos conocen como «vasijas matadas», utilizada en distintas culturas mesoamericanas para acompañar a los difuntos.


Sin embargo, la historia dio un giro inesperado.
Con el paso de los años se realizaron nuevos estudios científicos, incluidos análisis genéticos mucho más precisos.
Los resultados revelaron algo que nadie esperaba.
La persona sepultada no era un hombre.
Era una mujer.


Aquello obligó a replantear las interpretaciones iniciales y transformó al «Jerarca» en «La Jerarca», nombre con el que hoy se conoce a uno de los personajes más importantes descubiertos en el sitio arqueológico.
Los estudios también permitieron establecer que se trataba de una persona adulta, posiblemente cercana a los 40 años o más, una edad significativa para la época.
El hallazgo abrió nuevas preguntas sobre el papel que pudieron desempeñar las mujeres dentro de las sociedades que habitaron la región hace más de mil años.

La segunda oportunidad de la arqueología
En arqueología, un hallazgo nunca termina el día que sale de la tierra. De hecho, a veces comienza muchos años después, cuando la ciencia ofrece nuevas herramientas para volver a estudiarlo.
El caso de La Jerarca es uno de los mejores ejemplos de cómo evoluciona la investigación científica, asegura Omar Cruces Cervantes, coordinador de la zona arqueológica.


Los resultados de radiocarbono que arrojaron los primeros estudios parecían indicar algo extraordinario: que su entierro tenía una antigüedad cercana a mil años antes de la construcción del propio asentamiento.
Era desconcertante.
Hoy los investigadores consideran que La Jerarca fue contemporánea a la ocupación de Cañada de la Virgen.
Para Omar Cruces Cervantes, este tipo de situaciones forman parte del trabajo científico. La arqueología no busca defender una teoría. Busca ponerla constantemente a prueba.


Cada generación de investigadores dispone de herramientas más precisas que la anterior. Por eso una investigación nunca permanece inmóvil: las hipótesis se revisan, las evidencias vuelven a analizarse y las interpretaciones evolucionan conforme aparecen nuevos datos.
En Cañada de la Virgen no solo se excavan edificios. También se revisan certezas.
Porque la arqueología mantiene viva una historia al estar dispuesta a comprenderla mejor.

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