
El descubrimiento de la mina de San Juan, mejor conocida como mina de Rayas, en el ya lejano año de 1550 ha sido el origen de la tradicional fiesta en honor de San Juan Bautista, el santo patrono de la ciudad, que cada 24 de junio convoca al festejo a miles de capitalinos.
El cronista de la ciudad, Eduardo Vidaurri Aréchiga explicó que, desde entonces, la fiesta ha evolucionado y fue desde la segunda mitad del siglo XIX que se realiza de la manera en cómo la conocemos actualmente.
“El origen es muy antiguo, se remonta al año de 1 mil 550, cuando se descubre la mina de San Juan, se denomina mina de San Juan, la que conocemos la de San Juan de Rayas y desde entonces eso arranca una primitiva devoción, naturalmente se fortalece con la presencia de cada vez más pobladores en la zona”, dijo.
El historiador aseguró que, en los primeros siglos, la fiesta era más de tipo religioso, pero a partir del año 1 mil 741, cuando empieza la construcción de la Presa de la Olla es que adquiere mayor importancia y la gente se involucra de mejor manera y es como se fortalece la tradición.
Recordó que la mima de San Juan de Rayas fue descubierta en el año de 1 mil 550 y su historia, coincide con el festejo a San Juan Bautista, que a la postre es designado como el santo patrono de esta localidad.
Al paso de los años, la tradición se ha fortalecido, pero también ha logrado evolucionar para ser heredada de generación, en generación hasta llegar a nuestros días, que es considerada como la fiesta popular más importante para los capitalinos.
Vidaurri Aréchiga señaló que en este proceso de cambio y transformación también tienen que ver los hábitos y las costumbres de los guanajuatenses, quienes con su participación le imprimen un sello especial al festejo, que ahora ha superado los cuatro siglos de existencia.
“La última parte del siglo XIX, la tradición se define más o menos como la conocemos ahora, como una romería con la participación de muchos, con la participación de la gente de Guanajuato, que viene a comer, que viene celebrar una misa” afirmó.
Ya en pleno siglo XXI, la fiesta se mantiene vigente y participan los miles de habitantes de la ciudad, al igual que las autoridades que se mezclan entre ellos, en las calles alrededor de la Presa de la olla.
En este espacio se colocan cientos de comercios de todo tipo, pero destacan los de venta de alimentos y comida, que son los más buscados por las familias, que llegan al lugar para realizar esa acción, que es una de las partes fundamentales de la tradición.
También hay juegos mecánicos y otros elementos propios de las fiestas, lo que contribuye a atraer a las personas, las familias, que con su sola presencia fortalecen la tradición y le dan el toque popular para lograr que perdure y trascienda a la historia.