(Primera parte)
El jueves 30 de mayo, el presidente estadounidense, Donald Trump, volvió a hacer algo que parece disfrutar y es el agarrar a México de “piñata” con el fin de armar un show para satisfacer a su base electoral que está cansada de la creciente inmigración. Como ya ha sido ampliamente comentado, Trump dijo que a partir del 10 de junio impondría un arancel del 5% a todos los bienes importados desde México a menos de que se detenga el flujo de inmigración ilegal a los Estados Unidos, lo que fue visto como un escalamiento de sus amenazas fronterizas que podría tener implicaciones bastante negativas para ambas economías, en especial para la mexicana.
La nueva amenaza de Trump es peculiar porque combina dos de sus temas favoritos: migración y comercio, y llega en un momento en que él ha tenido dificultades para lograr victorias en ambos temas, a menos de año y medio de las elecciones presidenciales en las que estará en juego su reelección.
La Casa Blanca planea imponer aranceles punitivos a las importaciones provenientes de México, comenzando con un 5% e incrementar dichos aranceles mensualmente hasta llegar al 25%, si el flujo migratorio no se detiene. Trump dijo que eliminaría los aranceles solo si toda la migración ilegal a través de la frontera cesaba, aunque otros funcionarios de la Casa Blanca han dicho que les bastaría si México toma “acciones mayores” en el tema. La gran duda para muchos es ¿cómo el elevar el costo de los productos mexicanos puede ayudar a reducir el flujo de migrantes? Lo lógico es que si los aranceles deterioran la economía mexicana, más mexicanos querrán emigrar para buscar un empleo en los Estados Unidos.
De concretarse, es de esperarse que las consecuencias económicas del nuevo plan de Trump se comiencen a sentir rápidamente y que éstas sean severas. En teoría, los aranceles son pagados por las empresas que importan los productos, por lo que las empresas estadounidenses pagarían los aranceles y posteriormente podrían pasarle algunos de estos costos adicionales a los consumidores. Sin embargo, eso es en teoría, pero en la práctica podríamos ver casos en los que el exportador mexicano tenga que absorber el costo del arancel en áreas de mantener el cliente (esto básicamente depende de la elasticidad-precio de la demanda de cada producto importado). En otras palabras, es probable que Estados Unidos nos siga comprando aguacates, pero es difícil saber si nos seguirán comprando zapatos. México le exportó 346.5 miles de millones de dólares (mmdd) a los Estados Unidos en 2018, cifra equivalente al 28% de nuestro Producto Interno Bruto (PIB).
Dado lo anterior, no se han hecho esperar las críticas a esta amenaza en ambos lados de la frontera. Nadie puede negar que los flujos masivos de migrantes centroamericanos hacía los Estados Unidos son un problema real; pero la amenaza repentina del presidente Trump es injusta y claramente inapropiada. No solo le atribuye la totalidad de la culpa del flujo migratorio a México, sino que toma de rehén a la débil economía mexicana, además de que encarecerá los productos para los consumidores estadounidenses. Todo debido a una disputa que no tiene absolutamente nada que ver con el comercio internacional.
Por su parte, el presidente Trump socavó la buena voluntad que recientemente se había alcanzado cuando se eliminaron los aranceles al acero y aluminio mexicanos, lo cual se había hecho para promover la ratificación del T-MEC. Ahora las expectativas de que dicho acuerdo pueda ser aprobado por el Congreso estadounidense se han desplomado y Donald Trump le ha vuelto a mostrar al mundo porque es tan difícil, para cualquier contraparte nacional o extranjera, construir con él.
De acuerdo con un artículo editorial publicado por el diario Washington Post, si el presidente Trump en realidad lleva a cabo su ultimátum, tan sólo por frutas y verduras, el consumidor estadounidense comenzará a pagar por los nuevos aranceles unos cuantos cientos de millones de dólares hasta llegar a unos 3 mil millones de dólares en octubre, en caso de que México no haya satisfecho las demandas de Trump para entonces. Si se toma en consideración que en 2018 la totalidad de importaciones originarias de México sumaron 346.5 mil millones de dólares, entonces el costo máximo para el consumidor estadounidense sería de unos 87 mil millones de dólares, suponiendo que no hubiese sustitución de importaciones desde otros países, algo que resulta impensable. Queda claro que Trump no está pensando en términos de costo-beneficio, sino en términos de causar caos en su vecino del sur argumentando “una emergencia y amenaza extraordinaria para la seguridad nacional y economía de los Estados Unidos”.
En cuanto a la legitimidad de la medida, funcionarios de la Casa Blanca creen que Trump tiene la facultad, en base a una ley de 1977, de imponer aranceles en todas las importaciones de ciertos países si cita una “emergencia nacional”. Y hace varios meses, Trump declaró una emergencia nacional a lo largo de la frontera con México debido a un incremento de migrantes cruzando hacia los Estados Unidos. Pero la ley de 1977 nunca se ha utilizado para imponer aranceles de esta manera, y las nuevas acciones de Trump podrían enfrentar retos legales importantes por la diversidad de compañías transnacionales que resultarían afectadas.
Director General GAEAP*
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