(Segunda parte)
En otro editorial de Jeff Spross, publicado en el portal The Week, el autor nos recuerda que Donald Trump se hace llamar “hombre aranceles”, pero la realidad es que él no entiende para que sirve y como funciona su herramienta favorita para torcerle el brazo a sus adversarios internacionales. Trump lanzó sus amenazas contra México, pero no para contrarrestar malas prácticas comerciales por parte de su vecino del sur, sino para detener el flujo de migrantes indocumentados, lo cual carece de lógica.
Los críticos de Trump insisten en que cuando un país “A” le impone aranceles a otro país “B”, no es “B” o sus empresas las que pagan los aranceles. Son los consumidores y empresas del país “A” las que acaban pagando los aranceles, por eso consideran que lo que hace Trump es castigar a los consumidores estadounidenses. En teoría, la idea de imponer aranceles es para equiparar los precios de los productos entre ambos países con el fin de conservar producción y empleos. Bajo este tenor, es lógico pensar que en el mediano y largo plazos las empresas mexicanas perderán ventas en los Estados Unidos, y las deberán reemplazar con exportaciones a otros países para evitar ”sufrir alguna forma de dolor económico”, como quiere Trump.
Los aranceles propuestos por Trump causarán una gran disrupción en la industria automotriz, ya que las cadenas de suministro para los fabricantes automotrices descansan en una red compleja en la que los productos van y vienen entre los dos países hasta ocho veces. Entonces la imposición de los aranceles podría provocar que algunos procesos manufactureros intermedios dejen de realizarse en México y se muden a los Estados Unidos o Canadá.
El editorial de Jeff Spross menciona que es verdad que hay casos en los que se han utilizado aranceles punitivos para incidir en las políticas de otros países. Pero si está es la ruta que se va a tomar, pues al menos Estados Unidos debería asegurarse de que México pueda cumplir con sus exigencias. En este caso es difícil ver qué más podría hacer México para agradar a la Administración Trump. En el primer trimestre de este año, México arrestó a 31 mil personas y deportó a otras 22 mil. El país enfrenta un gran problema de corrupción, por lo que la aplicación de la ley se hace aún más difícil. Como ya se mencionó, mucha de la migración que Trump quiere frenar no viene de México, sino que proviene de Centroamérica, con miles de migrantes que huyen de la crisis económica, problemas políticos, violencia, entre otras cosas sobre las que el gobierno mexicano no puede hacer mucho. Y si los nuevos aranceles de Trump logran infligir suficiente “dolor económico” a las empresas mexicanas, ¿Quién llevará la mayor carga de eso? Desde luego que muchos de los trabajadores que pierdan su empleo decidirán migrar hacía el norte, provocando que la migración que Trump quiere controlar sea aun más difícil de atenuar.
Además, la administración Trump no le dio a México ningún objetivo en términos cuantitativos que el gobierno deba lograr para evitar los aranceles. Esto desde luego que implica que los Estados Unidos nos pueden hacer dejar los aranceles que quieran durante el tiempo que quieran, y nosotros no tendremos elementos para decir “ya cumplimos, quita los aranceles”.
Desde luego que todo esto echa a la basura los esfuerzos por aprobar pronto el T-MEC. Es imposible pensar que los políticos mexicanos y estadounidenses, en sus respectivas esferas, se pongan de acuerdo ahora, cuando la amenaza de nuevos y crecientes aranceles está en el aire. Es así que el presidente Trump ha convertido su mayor iniciativa comercial en algo que el día de hoy es impasable en el Congreso estadounidense.
Pero tal vez ese era el punto. Era poco probable que los legisladores demócratas aprobaran el T-MEC sin realizar revisiones significativas en temas ambientales, laborales y de propiedad intelectual; los cuales posteriormente serían rechazadas por los republicanos. Al castigar y enfurecer a políticos y empresarios mexicanos, Trump podría forzar a México a retirarse del acuerdo antes de que los políticos estadounidenses lo maten. Entonces Trump podría culpar a México de hundir el T-MEC, mientras que su amenaza de poner aranceles por el tema migratorio tendrá a su base política muy contenta. En otras palabras, tal vez Trump no desea que los aranceles contra México entren en vigor y sólo necesita una distracción y una salida.
Director General GAEAP*
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