
Así lo explicó Virginia Magaña, presidenta del Partido Verde Ecologista de México en León, quien señaló que entre las demandas de los ladrilleros y como prioridad se encuentra la regularización, con lo que las autoridades deberían atender necesidades más básicas.
“Creo que hay preocupaciones mucho más elementales y básicas para darle certeza a los trabajadores ladrilleros. El horno me parece fabuloso porque, visto desde la mirada ambiental y de salud de ellos, qué mejor que tengan un horno ecológico, porque esto quiere decir que recibiremos menos contaminantes, menor CO2 y ellos tendrán menos afectaciones a su salud que es otra de las demandas”.
Una de las opciones que ofrece Fondos Guanajuato es un programa de crédito para estos hornos ecológicos que producirán el ladrillo sustentable con un préstamo de máximo 245 mil pesos y que desde su perspectiva difícilmente muchos ladrilleros puedan ser acreedores a este recurso por el tema de la solvencia económica.
“Muchos de los ladrilleros no tienen casa propia, donde trabajan siguen irregulares las tierras. Cómo pueden echarse el compromiso para hacerse dueños del horno cuando ni siquiera tienen la certeza de su tierra”.
Hasta donde Magaña recuerda, una casa pequeña por la periferia anda entre los 400 y 600 mil pesos y que algunas se encuentran abandonadas, lo que se debe principalmente a que la gente no puede pagarlas.
“El horno, visto familiarmente para un ladrillero, es una herramienta, es una inversión. Pero también difícilmente si no tienen una casa en una tierra regularizada, difícilmente van a querer tomar ese compromiso”.
Aunque sí reconoció que habrá quién sí pueda pagarlos, la realidad es que al menos para la mayoría no es algo viable. Otro de los problemas explicó es que no hay una supervisión en la creación de los hornos ladrilleros tradicionales, pues desconoce si las autoridades tienen un censo real.