Un día como hoy, pero de hace diez años, la Secretaría de Salud lanzó la alerta sanitaria por el riesgo de la influencia H1N1 que se extendió en todo el país.
La alerta epidemiológica alcanzó un escenario de prevención sin precedentes en León y en todo México:
Aquí se suspendieron clases, los leoneses utilizaron mascarillas, en misa la ostia se depositaba en la mano, los cubrebocas se duplicaron de precio, se suspendieron eventos masivos y las orugas transportaban a pasajeros embozados…
¿Lo recuerda usted?
El 22 de abril del año 2009 el secretario de Salud del Gobierno Federal, el leonés Ángel Córdova Villalobos, había decretado una serie de medidas preventivas que avalaban la suspensión de clases en todos los planteles escolares, incluidas las universidades.
La información contenida en la hemeroteca de El Heraldo de León revela que, los primeros mensajes preventivos establecieron abrigarse y evitar cambios bruscos de temperatura, consumir frutas, lavarse las manos, evitar exposición a contaminantes ambientales, evitar muchedumbres, cubrir nariz y boca con pañuelos, no saludar de forma directa de beso o de mano y buscar cuidados médicos.
Las medidas fueron asumidas de inmediato entre una dosis de incredulidad y una actitud de alarma que llevó a la compra desmedida de cubrebocas, que pronto se agotaron en las farmacias y hasta hubo casos de reventa.
Acá en León se celebraba el evento del Salón de la Piel y del Calzado que concluyó de manera exitosa, pero los visitantes, expositores y hasta edecanes, usaron su cubrebocas, por aquello de la psicosis.
El 23 de abril se anunció que en Guanajuato no se habían registrado casos, pero era urgente asumir todas las medidas de prevención.
La gente sabía que “por siempre” hubo influenza, pero no atinaban a separar el concepto H1N1, “¿qué es…?”, se preguntaban.
El 26 de abril Córdova Villalobos anunciaba desde la capital del país la suspensión de clases en centros educativos de la Ciudad de México hasta el próximo día 6 de mayo, medida inicial que en cuestión de horas se extendió a todo el país.
Ese mismo día comenzaba la danza de las cifras: “Son ya mil 300 infectadas y 81 decesos”.
Los números alertaban y generaban incertidumbre. Hubo personas que asumieron sus propias medidas de seguridad, se aislaron, desinfectaron hasta el agua y no abrieron la puerta de sus casas.
FUTBOL A PUERTA CERRADA
Mucha gente comenzó a darse cuenta de la dimensión de la epidemia de influenza al conocer que el partido de futbol entre Pachuca y Cruz Azul se realizó a puerta cerrada.
“¿Qué sigue…?”, era la interrogante.
Los estudiantes tomaron con gozo la suspensión de clases, los templos se observaron vacíos, la gente se saludaba “de lejecitos” y los hogares leoneses se proveyeron de comestibles, de cubrebocas y de antibióticos, “todo lo que sea necesario”, decían.
Los cines de León y de otros municipios quedaron desiertos, las calles parecían de “pueblo fantasma”, los parques quedaron solos. Todo era diferente.
LLAMA IGLESIA A CUIDARSE
El 27 de abril la iglesia católica hizo un llamado a la población a cuidarse.
El arzobispo metropolitano, José Guadalupe Martín Rábago, pidió a la comunidad católica asumir las medidas de prevención emitidas por la Secretaría de Salud.
Ese día, los datos oficiales decían que ya había mil 614 infectados, 103 muertos y 400 hospitalizados.
Luego, el domingo 26 de abril, en un hecho insólito y nunca antes ocurrido, se suspendió la Feria de San Marcos, así como la corrida de toros.
Habían transcurrido cinco días después del anuncio oficial. Los incrédulos ya utilizaban cubrebocas y evitaban saludar de mano o “de beso”. En forma paralela se anunciaba: “En León, ya hay tres casos”.
Lo que siguió fue un ir y venir de cifras. La Secretaría de Salud del Estado ordenó conferencias de prensa diarias que se realizaban en el Laboratorio Regional de Salud Pública del Estado para dar a conocer el escenario estadístico, prevención y anuncios oficiales.
El martes 28 de abril el periódico hermano El Universal anunciaba que numerosos empresarios habían suspendido su producción y que el virus ya había “brincado” a otros países.
Otro escenario que aterró a más de uno fue el anuncio que hasta dentro de seis meses habría vacunas. Nadie sabía nada al respecto, todo mundo quería recibir la dosis, pero nadie sabía ni dónde ni cuándo.
La gente comenzó a identificar a la influenza como gripe porcina, mientras la Secretaría de Salud se esmeraba en tecnicismos para esclarecer la clase de virus.
Ese día se anunciaba la cancelación de eventos como el campeonato mundial de clavados de altura y la Liga Mundial de TKD. La epidemia ya azotaba también al deporte.
La crisis alcanzó a los restaurantes que lucían sin comensales y sin clientes. El anuncio decía que se perdieron al día 777 millones de pesos.
Al 1 de mayo ya lucían cerradas las bibliotecas, los museos y el Zoológico de León.
Luego de quince días de alerta máxima, la gente echó a la basura sus cubrebocas, las clases se reanudaron y la epidemia de la influenza quedó en un inusitado pasaje anecdótico.
A la fecha, entre la marejada de cifras, no hay un control de daños oficial.
Hubo quienes mencionaron que se trató de una “cortina de humo”, otros calificaron el episodio como una exageración del Gobierno, y la mayoría prefirió olvidar y regresar a su actividad cotidiana.
Y, ¿usted qué recuerda de León en tiempos de influenza?