
Los últimos días pasaron a la historia por ser el momento más cercano a lo que todos esperan sea la tercera guerra mundial, pues el conflicto israelí-palestino ha trascendido con la intervención estadounidense. Primero participaron como mediadores en el conflicto, para pasar a ser, quien en principio parecía, el autor intelectual del ataque a las instalaciones de desarrollo nuclear en Irán, pero, después se confirmaría su intervención militar en esta operación, poniendo a temblar a todo el mundo.
No fue hace mucho que dos sucesos similares transformarían la vida de los seres humanos, incluso afectando todavía a los habitantes de algunas ciudades que fueron blanco de estos conflictos bélicos. Su herencia no solo se recuerda con dolor, sino que, a lo largo de los últimos 60 años, gran parte de la humanidad se ha unido buscando tomar conciencia de lo atroz que resultan estos enfrentamientos.
La cruda realidad del después del acto persigue a muchas personas hasta el día de hoy, pues sería maravilloso pensar que aquellos momentos de barbarie quedaron en el pasado; en esos años tenebrosos del siglo pasado, en un ayer muy lejano, pero no.
En los últimos 25 años hemos sido testigos de las represarías y contraataques que generan estas disputas, ataques a ciudades y centros de trabajo, destrucción de la propiedad pública y actos de terrorismo que no hacen más que generar odio entre las personas.
Todo por ambiciones económicas y políticas que no hacen nada más que perjudicar a las personas de pie, gente que no sabe nada de estrategias militares o relaciones internacionales, pero que aun así, de una u otra forma, se ven afectadas por las decisiones de la esfera geopolítica.
Hasta hace poco más 70 años el miedo de una invasión o una guerra mundial solo quedaba en el aplastante avance militar que podrían ejercer las potencias; sí, también había miedo a los ataques aéreos, marítimos y de bombas; sin embargo, el punto es que aunque el problema era latente, este no significaba una perdida tan drástica por lo arcaico que era su producción, no como ahora.
Tras la Segunda Guerra Mundial y el inicio de la Guerra Fría, la preocupación política se dio entorno al control y creación de material nuclear; lo que parecía que iba a acabar con ‘la Madre de todas las guerras’ resultó el inicio de un latente preocupar, pues su mismo creador (Robert Oppenheimer) externó su preocupación recitando una cita del Bhagavad Gita, un texto sagrado hindú: “Ahora me he convertido en la muerte, el destructor de mundos”.
La crisis nuclear persiguió a la humanidad todo el siglo pasado con el temor de que aquella Guerra Fría se calentara e iniciará un caos mundial. Todos los países externaban el ‘respeto’ a la gran Unión Americana y a la extinta Unión Soviética, pues ellos pretendían ejercer y preservar el monopolio del desarrollo y armamento nuclear.
Un ‘respeto’ que no sirvió e mucho ya que varios grupos armados y países se enfrentaron a estas potencias y ninguna implementó estos devastadores ataques como contramedida, sin importar el gran daño que les causaran a sus tropas o a sus ciudades.
El problema se retomó a nivel mundial cuando otras naciones empezaron sus programas de desarrollo y armamento nuclear, rompiendo el monopolio y creando la duda de quién sería el primero en lanzar la primera ojiva nuclear y a quién.
Como se pudo, la humanidad ha sobrevivido a tantas amenazas de guerra nuclear, ataques terroristas y guerras que parecía revolucionarían la historia; sin embargo, dichos conflictos no trascendían ya que los países externos a los conflictos no impulsaban estas guerras, no establecían bandos o daban tanto apoyo como para marcar línea política, sino que dejaban que se resolvieran entre ellos; esto ha sido algo muy polémico en los últimos años, pues por estas acciones algunos ciudadanos mundiales han externado sus críticas directas hacia la ONU, pues este organismo que se suponía fungiría como intercesor y preventor de conflictos entre países, hasta mundiales, se ha convertido en un ente burocrático donde la alta alcurnia se reúne para charlotear sobre política.
Sin embargo, hoy día, sentimos más cerca un nuevo capítulo bélico en la historia de la humanidad, donde Estados Unidos parece querer promover una guerra nuclear al formar parte de estos ataques a las bases nucleares de Irán y no solo eso, sino que recomendar el asesinato de líderes políticos y sociales del lado palestino-iraní para solucionar el conflicto.
Todo esto a la vez que el gran ‘emperador gringo’ juega a ser intermediario en el conflicto y busca establecer una ‘paz’ entre los problemas del medio oriente. Decretando un cese al fuego, como si el héroe estadounidense tuviera la capacidad de decir y establecer cuándo llega esta paz.
Estados Unidos jala el gatillo mientras anuncia el alto al fuego. Su líder, famoso por incitar a la guerra y declarar conflictos con rasas, etnias y migrantes, anuncia que con su presencia los países implicados cesarán sus intenciones bélicas mientas incita al asesinato de líderes opositores a Israel y ataca bases nucleares de Irán.
Si la paz es así de abrumadora no hay nada más que pueda sorprendernos… Cierto, ahora, resulta que Donal Trump está nominado para el premio Novel de la Paz, y por quién más sino por Estados Unidos.
Una cosa queda clara, hay que tener preocupación, porque nuestros políticos ya no tienen miedo de tomar medidas inadecuadas y extremas, solo que se les olvida que también otras naciones les puede pagar con la misma moneda.
Por lo pronto debemos disfrutar este momento de paz, y decirle adiós a la ya llamada ‘Guerra de los 12 días’, porque no sabemos si vaya a durar y en cuanto tiempo pueda regresar.