La corrupción sigue siendo una asignatura pendiente en todos los órdenes de gobierno. En el nivel federal, estatal y municipal, está presente la mugre que representa la corrupción en la administración pública. Es un cáncer anquilosado en el gobierno, de la mano de la política.
Durante muchos años, en México, se consideró que la corrupción la representaba un solo partido político anquilosado durante décadas en el gobierno federal, estatal y municipal. Los políticos del PRI saqueaban literalmente las arcas públicas y no pasaba nada.
El pueblo presenciaba terribles excesos de poder en silencio, mientras de manera a veces tibia y en ocasiones contundente, los entonces partidos políticos de oposición denunciaban los actos de corrupción de aquellos que gobernaban. La oposición gritaba a los cuatro vientos, que ellos no harían lo mismo.
Con el paso del tiempo, la alternancia política se fue presentando gradualmente en municipios y entidades federativas, hasta llegar al gobierno de la república, de la mano del hartazgo ciudadano, de ver que esa desmesura de políticos del oficialismo no paraba. La llegada de nuevos políticos emanados de la oposición, concretamente del PAN, representó una bocanada de aire fresco.
Sin embargo, no tardo mucho tiempo en verse, que no era un problema de pertenencia a un determinado instituto político. Que el problema de la corrupción, lo tenían cientos de hombres inmersos en la política, que hacían lo mismo que criticaban. Hoy lo vemos también, en el caso del partido MORENA. Robar y robar, hasta ir perfeccionando métodos de desviación de recursos, más sofisticados con el único fin de enriquecerse a costa del dinero público.
También, se llegó a creer, que la corrupción estaba asociada al género hombre, pero la desilusión social creció, al arribo paulatino de mujeres políticas, que hacían lo mismo que los hombres. Ya no era un problema de partidos, ni de género, ni de edad, ni de estrato social. Simplemente, de educación, de ética y valores.
Por lo que los propios gobiernos, crearon instituciones u organismos públicos, cómo las contralorías o fiscalías anticorrupción, con la intención de poner un freno al gravísimo cáncer político de la corrupción. Junto con todo esto, el propio poder político, ha tenido que incorporar mecanismos también llamados operativos, para castigar a los corruptos.
Ahí está el más reciente caso, del Operativo Enjambre. Que demostró al país entero, hasta qué punto han sido corrompidos y pervertidos todos los partidos políticos y sus políticos, hombres y mujeres. Esté tipo de actos, sin duda llamativos y morbosos de cara a los medios de comunicación, contrasta con la poca difusión de instituciones públicas, que también realizan un gran trabajo.
Me refiero concretamente, a una institución autónoma del gobierno del estado de Guanajuato, la Fiscalía Anticorrupción que, sin hacer mucho ruido, realiza un trabajo digno de ser reconocido. Lo interesante, es que este reconocimiento viene de una organización sin fines de lucro: TOJIL.
TOJIL, dio a conocer en su Informe, que está publicado en su página oficial, que, a través de solicitudes de acceso a la información pública, requirió diversa información a las Fiscalías Anticorrupción del país, para realizar un análisis de su desempeño en los años 2023 y el primer semestre del 2024, considerando 66 variables agrupadas en 5 ejes: Marco Jurídico, Recursos, Capital Humano, Procesos y Resultados.
Destacando la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción del Estado de Guanajuato, en judicialización de carpetas de investigación, posicionándose en primer lugar con un 35 por ciento, con respecto al 10 por ciento de carpetas de otras fiscalías del país.
También, destaco TOJIL, que la Fiscalía Anticorrupción de Guanajuato, es una de las dos Fiscalías en el país con mejores prácticas en materia de organización interna, así como la recepción de denuncias y la investigación de los delitos. Y el segundo lugar, en la obtención de sentencias condenatorias.
Honor a quien honor merece.
¿No cree usted?
