La vida en sociedad esta plagada de disparidades entre nuestra propia realidad y la percepción que los otros tienen de nosotros.
Posiblemente estamos viviendo realidades múltiples y por eso no comprendemos los mensajes que, constantemente, estamos recibiendo.
Como individuos funcionamos como una estación receptora y emisora. Efectivamente, nuestros pensamientos, son procesos energéticos que como las ondas de radio o luz se trasmiten hacia el espacio que nos rodea. Lo mismo otras emisiones son captadas por nuestro receptor y como en algebra algunas expresiones se suman, otras se restan y muchas se invalidan.
Parece ser que las diferencias radican en el umbral, la calidad y la frecuencia que tienen para provocar estímulo.
Si son de baja frecuencia y calidad, quizás no alcancen a modificar el umbral de algunos receptores. Por otro lado, pueden producir un estímulo que, por ser de esas características ocasione una secuencia de errores con lo cual inducen una anomalía en el receptor.
Para los afines a esas frecuencias (anómalas, por supuesto) su acción incita un estado de éxtasis por un bloqueo en la corteza prefrontal. Esta región cerebral está involucrada en la planificación de conductas del pensamiento muy complejos, en la expresión de la personalidad, en la toma de decisiones (muy importante) y en la modulación del comportamiento social adecuado en cada momento.
Nuestra población y sociedad ha sido afectada en forma extensa por estas ondas y han provocado una gran afinidad para cierto grupo que las considera sublimes, pero que en otros ha conducido a estados de incredulidad, hartazgo, y obviamente, preocupación.
Por supuesto que estoy siendo sarcástico.
Para fines prácticos, parece ser que, las emisiones del Gobierno actual tienen esas características mencionada previamente.
Desde el inicio del sexenio hemos visto como, paso a paso, están transformando nuestro país hacia un mundo extraño, anormal, sin sentido o sustento.
Más de 85 programas de administraciones pasadas han sido sepultados y borrados del presupuesto, la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional (NAIM), el Seguro Popular, el avión presidencial, están incluidos.
Nos hacen creer que estas acciones han tenido un sustento lógico y que, no solo son adecuadas, son necesarias ya que gracias a ello el país prospera.
La mayoría acepta esos hechos sin la menor garantía de ser ciertos, sin chistar. Los llamados seguidores del guía o tlahtoani.
Permiten que el INSABI tenga “sucursales” en Houston, pero solo los hijos y algún senyelistli (familiar) tienen acceso a ese templo.
Mas bien deberíamos llamarlo “Nisabi”, que es también una palabra en náhuatl, sin traducción.
El tsopilotl, o avión presidencial, jamás se puso en venta -de acuerdo con algunas fuentes de investigación periodística- y ahora para distraernos, una brillante idea sacude a las masas, con la posibilidad de ganárselo en una rifa promovida por la Lotería Nacional.
¿No es esto asombroso?
¿Qué les parece?
Sin educación, salud o dinero, pero eso si, con un avión Boeing de modelo reciente, con seguro y mantenimiento por uno o dos años estacionado afuera de su casa.
Ya veremos qué ocurre.
Mientras tanto y a pesar de las grandes ocurrencias de nuestro presidente, nuestra monedad esta fuerte (aunque hay que ver quien la esta apuntalando, quizás Trump).
Y, sin embargo, la economía no se mueve.
El poder sigue siendo, para el que lo tiene, una varita mágica que permite cumplir los sueños mas excéntricos.
La historia nos anima a interpretar nuestra propia impopularidad territorio diferente a la de la mirada burlona de los jueces locales. Puede que no logremos convencer a los jueces locales a tiempo de ayudarnos a nosotros mismos, pero tal vez nos sirva de consuelo la esperanza del veredicto del mañana. Tan ingenuo sería sostener que la impopularidad es sinónimo de verdad, como creer que es sinónimo de error.
La validez de una idea o acción no está en función de su amplia aceptación ni de su vasta impopularidad, sino de su grado de obediencia a las leyes de la lógica.
Y como dijo El Filósofo Güemez:
“Andamos como andamos porque somos como somos”
“La confianza dura…hasta que se acaba”
¡Hasta la próxima!
