Hoy vivimos momentos cruciales todos los mexicanos. Aunque muchos no lo crean, millones de mexicanos son indiferentes a lo que sucede en el país. ¿Qué sucede? Se preguntarán mujeres, hombres y jóvenes alejados del acontecer diario que vive México.
La apatía ciudadana subyace de lo más profundo del día a día de compatriotas que sólo les importa vivir el momento, sin pensar en el futuro y menos en el mañana del país, ni de su familia. Recibir el pago del Estado, a través de los programas sociales, es su única preocupación.
Todo lo demás, es lo de menos. Hemos pasado de la indiferencia del desabasto de gasolina, de medicamentos, de citas para ser atendidos en la seguridad social, del pésimo manejo de la pandemia y los miles y miles de muertos por la negligencia del gobierno; a la apatía social.
Es vergonzosa la corrupción, que desde el poder se ha filtrado en toda la sociedad. Sorprende el conformismo con el que millones de mexicanos lo contempla y en muchos casos, lo tolera y aplaude. La violencia salvaje e incontrolable, que desde el gobierno se auspicia, parecería no tener importancia, mientras no toquen las balas a los suyos.
Hemos vivido y presenciado todos los mexicanos, cómo desde el poder se ha fraguado día a día, una estrategia política donde el presidente de la república ha aprovechado su investidura para apoyar a los suyos y hacer pedazos a quienes no piensan igual que él.
Ha utilizado todos los recursos del Estado mexicano, para beneficiar a sus compañeros de partido y defenestrar a la pobre y miserable oposición política, que poco trabajo le ha costado maniatar, al tratarse en su mayoría, de políticos corruptos y capaces de venderse al mejor postor.
Hemos presenciado todos, sin excepción, el circo que preparó el presidente de México con sus “corcholatas” iniciando un procedimiento preelectoral, a todas luces fuera de la ley electoral y con financiamiento de dudosa procedencia, que todo apunta al narcotráfico, de acuerdo con investigaciones periodísticas y de la DEA.
Increíblemente, la autoridad máxima de este país en asuntos electorales, determino que el presidente de México, “uso indebidamente recursos públicos y programas sociales; coaccionó el voto de la ciudadanía, realizo promoción personalizada y difundió propaganda gubernamental en período prohibido”.
¿Y todo esto, no fue suficiente para anular la elección presidencial? En cualquier otro país del mundo, con un sistema político democrático, se anularía la elección. ¡Pero en México, no! Se contabilizan 330 expedientes de denuncias electorales contra AMLO, por violar las leyes electorales en el proceso electoral del 2024.
No pasa nada. Nadie dice nada, más que los valientes medios de comunicación que no están cooptados y comprados por López Obrador. Los partidos de oposición, timoratos e hincados a los designios del autoritario mandatario y que el pueblo se joda. Sobre todo, aquellos que no comparten las políticas públicas del déspota presidente.
Ahora, viviendo momentos extremos el país y sus instituciones, así cómo los pocos ciudadanos pensantes que vemos con profunda preocupación, el inicio de una nueva era política, donde la voluntad de una sola persona se impone como ley suprema y como forma de gobierno: la autocracia.
La apatía social sigue presente en la mayoría de la sociedad, al ver con indiferencia lo que está pasando, con una propuesta de reforma al Poder Judicial de la Federación, a todas luces absurda, indolente y carente de sentido común para fortalecer y erradicar la corrupción, que pueda existir en dicho poder del Estado.
La degradación de la política en México está más que presente con el radicalismo narcisista, de quién dirige los destinos del país, que se trasladan a una serie de políticas públicas sin sentido ni valor alguno. Que van agrupando a toda una pandilla de pendencieros resentidos cómo su líder, pretendiendo tomar venganza social y política de aquellos que los menospreciaron.
Si perdemos el Poder Judicial de la Federación, ya no habrá patria que valga. Hemos visto como la corrupción se hace más visible e indiferente al propio gobierno y a la sociedad, los partidos políticos ya no tienen ideología y sus políticos sólo les preocupa el precio de venderse al mejor postor, en un contexto de clara fractura social.
La separación de poderes es igual a la separación entre representantes y representados, se ensanchó como nunca la brecha entre mexicanos. Las consecuencias de ello son el giro a una izquierda pervertida y revanchista y al malestar histórico de los pobres por generaciones.
¿No cree usted?
