En estos momentos hablar o escuchar de procesos de elección en nuestro país y en el mundo, causa dolor de estómago por decir lo menos. La cita en las urnas, para millones de ciudadanos provoca cierta repelencia por causas diversas. Sobre todo, por la falta de legitimidad de las autoridades responsables en los procesos de organización y calificación de los resultados.
A todo esto, hay que sumar la inmundicia que acompaña a todos los partidos políticos en México y en el orbe, dentro de los sistemas de partidos que cada vez más y más, son sucios y opacos para elegir candidatos poco confiables y dignos de representar a los ciudadanos. Mujeres y hombres que ofrezcan oportunidades de progreso en un municipio, comunidad, estado o nación.
La población en su conjunto no logra encontrar una respuesta decorosa por parte de las instituciones responsables de organizar las elecciones y mucho menos, por parte de los institutos políticos que solo piensan en sus intereses mezquinos y frívolos. Los gobiernos, lejos muy lejos de pensar en su gente, han dejado en estado de indefensión al ciudadano.
Increíblemente los gobiernos en turno pretenden legitimar sus acciones de gobierno a través de las urnas, haciendo un llamado a salir a votar para ratificar o validar determinadas políticas públicas organizando procesos de elección a modo, dañando más y más la confianza ciudadana al ver simulaciones indignantes para el interés público.
Todo esto, ha generado un fenómeno nacional y global de regímenes electos democráticamente, constituyéndose en no-democráticos. Paradójicamente, la legitimidad que alcanzan en las urnas viene acompañada de una serie de consensos, formas de apoyo y arreglos políticos de distintas fuerzas, que convierte a los gobiernos de izquierda y de derecha en regímenes autoritarios.
Si bien es probable, que en estos regímenes el proceso más importante y relevante sea el que se refiere a sus resultados, la eficacia decisoria o la efectividad de sus políticas públicas, evidencian mejor el papel de la fuerza represora que imponen día con día.
Se pueden rastrear históricamente varias formas de legitimidad, consenso o apoyo. Y estos procesos tienen los mismos significados que en los regímenes democráticos. El problema principal es, el de la localización de indicadores seguros y efectivos de esos procesos. Se trata de un problema muy delicado, dado que en estos regímenes no-democráticos en sus acciones, las expresiones de legitimidad son resultado excesivo de manipulaciones y no de actitudes positivas de apoyo.
En México como en muchas partes del mundo, vemos las famosas concentraciones de gente, que presumiblemente están ahí presentes en los mítines de los distintos gobiernos democráticos, por voluntad propia, cuando no es así y son manipulados en una nueva forma de explotación humana para efectos de legitimar políticas públicas.
En estos regímenes, efectivamente, es aún más difícil distinguir dónde acaba el auténtico apoyo y donde comienza el apoyo inducido, manipulado o forzado. Sin embargo, aún cuando los propios regímenes de izquierda o derecha se concentran en aniquilar todo tipo de indicadores, para medir eficazmente sus políticas populistas y a sus políticos, sean hombres o mujeres, estas últimas muy de moda.
Existen indicadores sociales de los usados para el régimen democrático, también aplicables para los no-democráticos. Donde aparece relevante y evidente el grado de orden o desorden civil o de violencia existente en el régimen, ante ello la presencia de una actividad represiva más o menos relevante, es síntoma del quiebre del régimen.
¿No cree usted?
