Dicen por ahí que la culpa no es del indio, sino del que lo hace compadre. Lo anterior sale a colusión luego de las garrafales embestidas que los gobiernos de los tres niveles, han arremetido contra el pueblo mexicano, sobre todo hacia aquellos laboralmente activos.
Mientras el alcalde del Municipio de León se sigue divirtiendo con unas ya oxidadas bicicletas y aumentando las tarifas de las multas a diestra y siniestra, nuestro gobernador se endeuda con exorbitantes cantidades para beneficiar al sector empresarial, mientras que la clase media ve con ojos temerosos tan dramática decisión, ya que si las cosas salen mal (que es lo más seguro), esos empréstitos serán pagadas por aquellos que día con día salen a ganarse el pan y la sal de manera honrada.

Por otro lado, el gobierno federal abre nuevamente su caja de Pandora, y nos da la sorpresa que tenemos modificaciones en la miscelánea fiscal a partir del mes de junio, y a partir de esa fecha todo aquel que tenga depósitos en sus tarjetas bancarias por montos superiores a cinco mil pesos (sí, leyó bien, cinco billetes de mil pesotes), deberá declarar el origen de dichos depósitos, so pena de iniciarnos carpetas de investigación por evasión de impuestos, o peor aún, por lavado de dinero, ya que en estas benditas tierras aztecas, tal parece que el ganarse la vida decentemente y fomentar el hábito del ahorro es un delito.
Al paso que vamos, no tendremos más opción más que volver a tener nuestras alcancías de cochinito, con el riesgo de que en un futuro cercano nos vayan a cobrar impuestos por el uso de alcancías (lo cual no lo dudo ni un poco, considerando que actualmente ya cobran el impuesto respectivo por la energía solar).

Decía el abuelo de este humilde escribano, que “la culpa no es del indio sino del que lo hace compadre”, y creo que los votantes tenemos una enorme responsabilidad ante tan funestos panoramas políticos, porque el mexicano piensa con el corazón, emitiendo votos según las emociones del momento, dejándose impresionar por un buen peinado, una torta de jamón, un calentador solar, enamorándose del candidato que se atrevió a darle la mano y hasta se tomó una foto con él, sin considerar la trayectoria laboral, académica, personal, de dicho candidato, y como resultado, tenemos en la presidencia personajes con un pasado de pereza, de holgazanería, de ineptitud y de fracaso escolar, sin mencionar la larga cola de corrupción que llevan tras de sí.

Como dice la canción: “¿a dónde vamos a parar?”.

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