
Ante una Catedral Basílica llena de fieles, el prelado destacó este es un tiempo para estar en nosotros mismos; para revisar nuestro autocontrol pero también para alimentar nuestras condiciones y por medio de nuestros propios sentimientos.
Destacó que a muchos católicos la Cuaresma les resulta aburrida y triste y que a veces no se valora por los propios cristianos la riqueza que tiene la liturgia de la Cuaresma a diferencia de otras religiones que le dan un gran valor a sus ritos.
“Nos dejamos llevar por la tendencia general de vivir una vida del todo acorde con los criterios del mundo sin referencias explícitas a Dios, ni a las manifestaciones religiosas”, compartió.
Dijo que este tiempo se puede resumir en tres ideas principales: oración, arrepentimiento y amor por los demás y que es la eucaristía la que nos une como hermanos en la fe y el amor.
Esta fecha marca el inicio de este periodo de luto y reflexión que implican las vísperas de los Días Santos que además dan paso a la Pascua, que conmemora el paso del pueblo judío de Egipto, a la libertad.