
Comenzamos esta semana con varias noticias de alto impacto social, algunas funestas, otras, dignas de festividad nacional. Entre estas últimas, destaca aquella relacionada con el Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Eduardo Medina Mora, quien ha causado revuelo entre los diversos medios de comunicación y redes sociales, por estar fuertemente investigado por diversos actos de corrupción, los cuales arrastran a varios empresarios, políticos y ex presidentes de México.
Es vergonzoso que dentro de lo que se supone es el máximo Tribunal e ícono de la impartición de Justicia de la Nación, se encuentren tales faltas de probidad y honradez. Definitivamente es urgente y apremiante un cambio radical dentro de la administración pública y el manejo de los recursos del pueblo, ya que es inconcebible que estemos gobernados, legislados, investigados y ahora, ajusticiados, por personas carentes de ética y principios morales, que ven en la función pública una manera rápida de llenarse los bolsillos de manera inconmensurable.
En épocas anteriores, los ladrones eran vistos vistiendo camisas negras con rayas blancas y un antifaz cubriéndoles los ojos, cargando a sus espaldas un costal para resguardar el fruto de sus robos; ahora, los ladrones se visten con toga y birrete, y en lugar de navajas, ganzúas y desarmadores, usan Constituciones y malletes (Aquellos martillos de madera usados por jueces para llamar la atención durante las audiencias judiciales).
Necesitamos erradicar esa plaga parasitaria de personas sin escrúpulos que rodean a los partidos políticos, personas sin preparación, ignorantes, déspotas, ambiciosos, corruptos, deshonestos, carentes de ética, de principios morales, cuyo comportamiento carroñero los asemeja a aves de rapiña esperando pacientemente llegar a aquellas posiciones que les permitan saquear hasta el cansancio las arcas públicas, y al igual que Ali Baba y los cuarenta ladrones, repartirse el botín acumulado.
Sería interesante comenzar con verdaderas auditorias, investigaciones bancarias, hechas a profundidad, contra todos aquellos que tienen la obligación de servir a su patria y no a sus bolsillos: diputados, senadores, secretarios, ministros, presidentes, gobernadores, fiscales, procuradores, agentes del ministerio público, directores, delegados, jefes de unidad (deliberadamente los hemos escrito en minúsculas, porque para el autor de estas líneas escribirlos con mayúsculas sería darles una importancia que aún no se han ganado), y todo aquel que con sus escandalosas formas de vida causen sospecha fundada de andar en pasos no muy buenos, coludidos Dios sepa con quién o quienes, corrompiéndose al mejor postor, como en subasta pública.
Avanza el año, comienza otro mes, y no fue precisamente un meteorito extraviado por la vía láctea la que destruyó nuestro planeta. No hace falta un apocalipsis ni asteroides gigantes los que amenacen con nuestra destrucción: Tenemos metrallas, corruptos, ladrones, personas desconsideradas con el medio ambiente, personas que trafican con lo nocivo, con lo socialmente perjudicial, y hace falta arrancarlos de raíz.
Sin embargo, no es tarea fácil en un mundo donde la ignorancia se huele en cada rincón, donde se carece de mentes revolucionarias, y sobre todo, de gente pensante, cultivada. Sólo el conocimiento y el espíritu de los viejos enciclopedistas franceses, Rousseau, Montesquieu, Diderot, así como viejos revolucionarios, Villa, hidalgo, Zapata, Morelos, Mina, Victoria, Bolívar, Martí, lograrán sacar a flote a este barco que desde hace mucho ya se ha hundido.
Dedico estas líneas a los oficiales caídos en cumplimiento de su deber, y cuyas vidas han sido olvidadas por aquel que los mandó a la guerra sin fusil, por la sencilla razón de que nada bueno ha de esperarse de un corrupto, que valora más un puño de dólares que el dolor de sus conciudadanos: Víctor Javier Camarena Luna, Raymundo Gutiérrez Juárez, Gerardo Rafael Soriano Álvarez, Juan Diego González Valadez, Jorge Antonio Lozada Zambrano, Francisco Javier González Andaracua, Israel Barrios, Citlalic Esquivel Bautista, Antonio de Jesús Báez Tapia, Miguel Caudillo, Juan Adrian Villagrán Rocha, Gustavo Adolfo Moreno López, Francisco Javier Fuentes Uribe, Ulises Ramírez Andrade, Eduardo Efraín Muñoz Navarro, Josafat Iván Job Martínez, Jesús Ávila Martínez, Filiberto Mendoza Ramírez, Federico Zavala Díaz, Juan Ángel Huerta, Salvador Caballero Delgado, Sergio Morales Casas, Jessica Alejandra Rodríguez Hernández, Luis Alberto Villaseñor Paredes, Aroon de Jesús García Torres, Gerardo Agripino Cuellar, Braulio Luna Santibañez, Ricardo Ramírez Jasso, Arturo Razo Padilla, José Erasmo Fuentes, Julia Sierra Galván, Maribel Cano García, Cesaria González, Sergio Camacho Santamaría, Marcos, Galván Cervantes, Antonio Murillo Gómez, Miguel Lozano Nolasco, José Santos Martínez, Macedonio Martínez Sánchez, y a todos aquellos que no he mencionado, porque de seguir, estas líneas comenzarían a mancharse de sangre. A todos Ellos, ¡PRESENTE! Estimada Procuraduría de los Derechos Humanos del Estado, dejaré esto por aquí, y me iré lentamente.
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