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LA CONVENCIÓN DEL CRIMEN

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Se le conoce como “La Conferencia de La Habana de 1946”, y parece la escena de una película de James Bond o algún cómic de justicieros: los delincuentes más destacados se reunieron en el Hotel Nacional de Cuba, con el fin de arreglar todos los asuntos vinculados al bajo mundo.

Aunque en su momento el evento fue oculto, hoy es popularmente conocido y aparece hasta en páginas web sobre la historia cubana.

Durante los años cuarenta, La Habana era un habitual centro de reunión para mafiosos y otros delincuentes. Por eso, fue el centro de reunión perfecto para que Lucky Luciano, el gangster más peligroso de aquel entones, convocase a sus colegas para arreglar todos los asuntos del crimen organizado. Apoyado por su compañero Meyer Lansky, quien a su vez tenía por contacto a Fulgencio Batista, rentó el casino del prestigioso Hotel Nacional, que ha albergado a toda clase de celebridades como Rita Hayworth, Walt Disney, Cantinflas o Jorge Negrete.

Luciano, quien era un criminal de la peor calaña pero un hombre muy analítico, arregló todo: rentó el piso del hotel, diciendo que celebraría a su amigo Frank Sinatra. En total, la “coperacha” entre mafiosos fue de 150 mil dólares.

LOS INVITADOS

Desde el 20 de agosto llegaron los invitados (a quienes Lansky llamó por orden de Lucky) que pertenecían a la Cosa Nostra, el Sindicato del Crimen Judío y la mafia estadounidense. Desde su reunión de Atlanta en 1029 ni había un cónclave del bajo mundo tan grande.

Los participantes: Joe Adonis, Albert Anastasia, Joe Bonanno, Tommy Luchesse, Willie Moreti, estos, de Nueva York. De Chicago asistían Charlie y Rocco Fischetti, herederos del imperio del Al Capone.  También, Santo Trafficante, de Florida, y el más importante: Vito Genovese.

Los temas a tratar en la conferencia fueron tres: primeramente, si entraban o no al tráfico de drogas, ya que como en todo grupo de negociantes, legal o no, había facciones a favor y en contra. Genovese sí quería, Luciano no. Al final, terminó aprobándose el narcotráfico. Otro asunto fue la expansión delictiva a Cuba, y el hotel Flamingo del gánster Bugsy Siegel, que empezaba a llamar la atención de las autoridades y a generar pérdidas.

Pero la cuestión fundamental era quien sería el líder supremo, o como se le conoce en el argot de la mafia, “el capo di tutti capi”. Se dice que hubo una constante tensión entre Lucky y Genovese, hasta que al final el primero, que era de mecha muy corta, lo molió a golpes y patadas, rompiéndole tres costillas. “Vito, rata traicionera napolitana”, le dijo.

¡La ironía fue que no pudo denunciarlo con las autoridades!

La convención terminó y Luciano quiso permanecer en La Habana un tiempo, lejos de las autoridades… pero fue la pasión lo que lo expuso.

Conoció a una hermosa dama llamada Beverly Paterno, con quien se paseó en todos los lugares turísticos de Cuba. Inevitablemente, llamó la atención de los medios de comunicación y por presión del gobierno de Estados Unidos, fue deportado a Italia. Luciano siempre culpó a Genovese, pero quien lo delató fue Joe Bonnano.

Este capítulo de la historia del crimen fue recuperado en la película “El Padrino II”, cuando Michael Corleone decide viajar a la isla en cuestión. También se narra de manera detallada en la biografía del mafioso, titulada “El último testamento de Lucky Luciano”, de Martin A. Gosch.

“Ya es demasiado tarde para ser bueno”, dijo en una ocasión Luciano. Frase que cumplió a rajatabla.

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