Entre la noche del 18 de junio del año 1888 y la madrugada de hoy, 19, ocurrió uno de los siniestros más terribles en la historia de León: la gran inundación. El agua arrasó una gran ciudad en crecimiento, dejando la muerte y devastación.
Al respecto, el director del Archivo Histórico de la ciudad, Rodolfo Herrera, habla sobre este hecho que cambió a los habitantes decimonónicos de la ciudad, señalando que es una de las más graves de la ciudad, junto con la de 1926.
“En ese entonces, León era la segunda a nivel república junto con la Ciudad de México, por lo que, después de esta tragedia bajó de nivel. Muchas casas que eran de adobe fueron devastadas. La corriente se llevó animales, personas, las casas cayeron por el empuje de la corriente. Hasta el día de hoy, no hay una cifra concreta de las víctimas. Nunca se supo a ciencia cierta. Casas, fueron 500 destrozadas, fue sin duda, una situación muy grave”.
El cauce del río se salió, causando daño grave a la ciudad y al Barrio del Coecillo. Los días posteriores al 18 y al 19 de junio fueron muy difíciles para la ciudad y para toda su gente. Por fortuna, Herrera recuerda que la ciudad de León se levantó muy rápido, pues recibió ayuda de diferentes brigadas, de otros municipios como San Francisco del Rincón. Además, las autoridades y la población se unieron, tanto ricos como pobres. Sobre este asunto, Herrera dice:
“Considero que esto es lo que caracteriza a León: la gente era y es muy laboriosa, por lo que varios grupos buscaron ayuda e hicieron equipo. Después de limpiar la ciudad entre todos, hubo comités de señoritas y jóvenes que ayudaron a limpiar, y hacer que la ciudad renaciera.
Sobre esta inundación, y que reflexión puede surgir al respecto, Herrera considera que todas las inundaciones nos enseñan cuestiones importantes: cuidar el agua y mantener limpia la ciudad”.



