La semana pasada recordábamos el caso de H.H. Holmes, un cruel asesino serial que construyó un hotel donde instaló todo tipo de mecanismos para torturar y matar a sus huéspedes, desde puertas falsas hasta rampas que conducían a pozos de cal viva y cámaras de gas en las habitaciones.
Holmes logró escapar tras quemar el hotel y asesinar a su socio, el estafador Benjamin Pietzel. Tenía todo listo para quedar impune, pero resulta que le seguía la pista un brillante detective llamado Frank Geyer, quien trabajaba para la agencia Pinkerton, el primer grupo de detectives privados de la historia.
Pese a que en su prontuario criminal se cuentan cientos de víctimas, Holmes nunca fue arrestado por asesinato, sino por fraude, cuando comenzó a salir a la luz que engañaba hasta en la compra-venta de caballos. Una vez en las celdas, comenzaron a salir a la luz varias irregularidades, como el hecho de que Benjamin Pietzel hubiera desaparecido misteriosamente junto con tres de sus hijos. La fiscalía de Chicago decidió contratar a Frank Geyer, pues tenía un historial impecable y era uno de los mejores investigadores de su tiempo.
Había muchas irregularidades en el caso. Para empezar, Holmes le dijo a la esposa de Pietzel que él se llevaría a sus hijos a Canadá, donde supuestamente se encontrarían con su padre, pues sabían que huía de la justicia. Absurdamente la mujer le creyó.
Geyer, ni tardo ni perezoso, comenzó a seguir las pistas hasta llegar a Toronto, uniendo hasta el más insignificante punto. Conversó con gente que había atendido a “un hombre acompañado de tres niños” y al alquilar una casa canadiense, encontró enterrados los cadáveres de los pequeños, que habían sido asfixiados. Además estaban las evidencias: cartas de la madre y los hijos, que como todo asesino serial, Holmes guardó como “recuerdo”.
Después, Geyer mandó policías al hotel, con el único fin de hacer un recorrido de rutina… y fue entonces que se descubrió el horror. Salieron a la luz no solo los cadáveres, sino el siniestro mecanismo de su creador.
Como era de esperarse, Holmes fue condenado a la horca en 1896. Las crónicas de la época dicen que su cuello no se rompió al instante, y estuvo 12 minutos agonizando. Geyer fundó su propia agencia de detectives y publicó en varios periódicos “The Holmes-Pitezel Case” donde narra su investigación. Murió en 1918, a causa de la gripe española. A su funeral fueron los más destacados cuerpos de seguridad de su país.
EL LEGADO
La historia de Holmes y Geyer tiene una amplísima bibliografía textual, audiovisual y hasta videojugueril. La serie televisiva “American horror story: hotel” está claramente inspirada en el caso, y actualmente se prepara la serie de “El diablo en la ciudad blanca” de Erik Larson, la mejor biografía sobre el tema, en la que Leonardo Di Caprio será el asesino. El diseñador digital Mike Peterson también se prepara un videojuego, donde se intenta escapar del aterrador hotel.
Sobre la visión del asesino y el detective, en la página de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos se puede leer la crónica escrita por Geyer, y las confesiones de Holmes (https://www.loc.gov/item/06022698/) donde citamos sus últimas palabras: “Nací con el diablo adentro. No puedo evitar matar, así como el poeta no puede evitar la inspiración para cantar”.
Una historia aterradora en la que se hizo justicia… aunque tarde.
