
En los límites entre León y los Pueblos del Rincón, se afianzan las raíces de los agaves. El pulque, la bebida prehispánica por excelencia, se fermenta en Rancho Nuevo de la Venta.
Esta bebida ha pasado de ser ingerida por los aztecas, al México colonial, al porfiriato en las haciendas pulqueras, hasta los locales con wifi de la actualidad.
En Guanajuato se puede conseguir en León, y en los límites con Pueblos del Rincón se llega a Rancho Nuevo la Venta, uno de los puntos neurálgicos para consumir y adquirir esta bebida, a través de la carretera de Purísima a León pasando por el Libramiento.
Quien conduce por esa zona, se percata cómo el camino asfaltado da paso a los cultivos, a una zona rural casi idílica. Allí abundan las casas, cabañas y negocios donde se ofrece pulque (ya sea curado o natural) y aguamiel.
El lugar ya es una tradición en León. Las familias que trabajan haciendo esta milenaria bebida, toda una dinastía. El lugar es considerado por los lugareños como el «epicentro pulquero» o la «zona dorada del pulque» de la región.
El sitio comenzó a ganar popularidad como un punto de reunión y escape de la ciudad hace unos 15 años. La gente de León, los Pueblos del Rincón, Silao y Romita asiste buscando tanto el pulque como la experiencia campirana y la naturaleza, y es que pese a la industrialización, al crecimiento inexorable de los negocios, fábricas y empresas tanto guanajuatenses como extranjeras, gran parte de la zona se mantiene intacta, lejos de la tecnología.
Uno de los cultivadores, comerciantes y guardianes del pulque es el señor José Antonio Cisneros, conocido como Don Toño.
Don Toño heredó el oficio de su padre, José Cisneros, quien inició la actividad hace aproximadamente 70 años. En los inicios, el pulque se transportaba en burro a través de brechas hacia San Francisco del Rincón y actualmente el negocio es operado por cuatro hermanos de la familia Cisneros: José Guadalupe, Pablo, Gerardo y José Antonio.
BEBIDA DE LA DIVINIDAD
Don Toño y otros comerciantes pulqueros trabajan en el campo de forma incesante. Del maguey extraen el pulque y luego lo venden. En entrevista, suspira, mira al campirano horizonte y explica:
“Mi papá era el que inició todo esto aquí. Tiene muchos años que se dedicó a esto… pues él toda su vida se dedicó al pulque (…) aquí viene mucha gente, vienen a salirse de la ciudad, a pasar un buen rato. De aquí a diez años, espero que todavía estemos”.
Un maguey tarda en promedio 7 años en volverse productivo. Para extraer el aguamiel, se hace un corte en el «cogollo» (centro del agave) para formar un «cajete» donde brota el líquido. Un buen agave puede producir entre 7 y 8 litros de aguamiel al día y mantenerse activo durante unos 3 meses.
La producción del pulque es toda una hazaña, en la que se involucra el amor a la tierra, y es casi un arte. Don Toño explica:
“Aguamiel es lo primero que sale del maguey. Es la esencia del maguey que sacamos para fermentar. Aguamiel y el pulque viene siendo lo mismo, no más que le nombramos aguamiel cuando la extraemos del maguey. Ya cuando la fermentamos, es cuando se vuelve pulque”.
Así, las familias de la comunidad siguen trabajando, mientras que el maguey crece, ya sea por el cultivo natural o la benevolencia de los dioses prehispánicos.