Machismo
En una sociedad como la nuestra, cabe preguntar si el machismo tiene influencia en el comportamiento de la desigualdad y la economía de México.
¿Ustedes qué piensan?
Se han preguntado cómo, hombres y mujeres que participan en la comunidad, en nuestra región y sobre todo aquí en León, la conducta machista continúa siendo la regla o la excepción en la desigualdad laboral y social.
La desigualdad en todos sus aspectos ha sido un tema mundial, sobre todo por la lucha en su contra a través de manifestaciones. Cómo se manifiestan en diversos sectores de la sociedad, en variedad de mesas de trabajo en México y en el mundo.
Es necesario exponer sobre la mesa la corriente ideológica que avale un equilibrio entre hombres y mujeres en el marco social-aboral. Que sea más justo y equivalente.
Marina Castañeda (2007) en su ensayo hace referencia a la desigualdad ocasionada por el machismo, que aparentemente dejó de existir. Se volvió invisible a los ojos de las personas, pero permanece palpable en nuestra sociedad e influye indirectamente en el trabajo, el hogar, las relaciones de pareja, etc.
No debemos permanecer estáticos y con el vendaje en los ojos para entender que el machismo persiste en nuestro entorno. Como sucede en las elecciones, las encuestas demuestran lo que la gente dice, no lo que realmente hace (Castañeda, 2007). El refrán popular, del dicho al hecho hay mucho trecho, aplica acertadamente en ambos casos.
Las manifestaciones físicas del machismo han cedido el lugar a formas psicológicas de control y coerción que, bajo una apariencia quizá más amable, siguen asegurando el dominio masculino sobre las mujeres.
Por ejemplo, los hombres ya no encierran a sus mujeres en casa, ni les prohíben salir; pero les exigen que traigan el celular prendido todo el tiempo, supuestamente por razones de seguridad. El problema aquí no es que los hombres deseen proteger a sus esposas, sino que, esta permanente vigilancia sea obligatoria y que no sea recíproca. Asimismo, los hombres no prohíben a las mujeres trabajar, a condición que vuelvan a casa para las comidas y en la tarde para atender a sus hijos. Que sigan cumpliendo con todas las tareas domésticas, lo cual vuelve casi imposible un pleno desempeño laboral (Marina Castañeda, 2007. El machismo invisible regresa. México: Taurus).
Nos encanta como hombres alardear de que “aquí mis chicharones truenan,” es decir, que en carácter de machos se hace lo que decimos y punto. Es el hombre que establece las reglas. La actitud del macho mexicano que nunca admite haber cometido un error. Que no sólo tiene la razón, sino que considera que tiene derecho a tener la razón. O los hombres que no admiten que una mujer los interrumpa.
Es el hombre, lleno de mitos sociales y familiares, que hace valer sus “derechos” e ignora a la mujer e hijos, ya que no se doblega ante nada ni nadie (Orozco, W. 2008). Es el hombre que va a votar por un candidato que, aparentemente, es igual de macho que él, ambos ignorantes de los derechos de los demás, e ignorantes en todo el sentido de la palabra.
Ahora bien, surge como consecuencia la pregunta:
-¿Qué o quién hace a los hombres machos?
Desde pequeños se incuba en los hombres esa necesidad de demostrar que son hombres». (Marina Castañeda, autora de «El machismo ilustrado») «Mijo, no llore, demuestre que es un hombre. “Mijo, eso no le corresponde hacerlo, es de mujeres”.
El machismo también afecta a los hombres, por qué considerar ineptos a los hombres para cuidar niños. Es lo mismo que considerar ineptas a las mujeres de aprender a utilizar una computadora. Sin embargo, cuando el hombre realiza actividades que podrían considerarse del sexo opuesto, aparece el machismo: el hombre que cocina es un chef, pero la mujer es una cocinera. El hombre es un sastre, pero la mujer es una costurera. El hombre que es médico es doctor, la mujer: señorita. Actualmente se sigue menospreciando la actividad de la mujer, aunque haga exactamente lo mismo que el hombre.
Ya vieron que la pasó a la deshojada Margarita.
México requiere un cambio. Ese cambio se encuentra en la educación.
El siglo XXI es la oportunidad para provocar la tan anhelada transformación, aunque esté matizada por las actitudes invisibles del machismo en nuestra sociedad. Las empresas necesitan grandes dotes de talento, el conocimiento es el nuevo capital y la Economía del Conocimiento define el nuevo entorno empresarial. Las empresas deben estrechar su relación con las instituciones educativas y más con las Universidades.
En el siglo XXI los individuos pasan al primer plano como responsables de su propia formación y empleo. (Bankiter 2011).
Así dejaremos el control gubernamental y el machismo invisible.
¡Hasta la próxima!
