A veces, cazar criminales implica todo un proceso logístico.
Un hombre llega a una casa e ingresa por la puerta principal. Pareciera una persona común, pero se trata de un adulto que busca tener relaciones con una menor, a la que ha buscado en conversaciones de internet. Sabe que sus padres no están, porque la joven se lo ha dicho.
Cuando accede a la sala, se topa con un caballero de cuarenta y tantos años, bien vestido. Sostiene un papeleo en un folder y le dice, con una educación que no encaja con el momento: “Why don’t you take a seat?” o “¿Por qué no tomas asiento?”
El señor es Chris Hansen, uno de los periodistas más destacados de la primera década del 2000. Durante años, condujo el programa ‘To catch a predator’ (Atrapar a un depredador) donde, apoyado por un equipo variado, buscaba depredadores sexuales en la red, trabajando de manera encubierta haciéndose pasar por un menor. Poco a poco recababa evidencia de los delincuentes le mandaban. Cuando los tenía en una casa de seguridad previamente arreglada con cámaras, los llevaba a la justicia.
Hansen le dice al hombre en cuestión, con la misma cortesía, tras mostrarle evidencia de sus chats:
«You can walk out that door, I’m not holding you here. But there are officers waiting for you outside.» (Puedes cruzar esa puerta, no te estoy reteniendo aquí. Pero hay oficiales esperándote afuera.) Siempre decía esas frases.
Esta semana, hablaremos del arte de cazar depredadores tras las pantallas.
Antes de conducir y dirigir su propio programa, Hansen cubrió, como periodista, muchos de los peores crímenes de los años noventa, como la masacre en la escuela Columbine o los atentados del Unabomber. Así, tuvo contacto con la peor oscuridad del ser humano.
Con su programa producido por la cadena NBC ‘To catch a predator’ en 2004, logró atrapar a cerca de 300 individuos, y participó en 12 operativos especiales de protección a niños y adolescentes. Hansen, además, colaboraba activamente con el grupo Perverted Justice, dedicado a denunciar a criminales de esta calaña.
EL GIRO
Uno de sus casos más polémicos fue el de Bill Conradt, fiscal adjunto de Rockwall, Texas, quien en 2006, tras ser expuesto por Hansen, optó por suicidarse de un balazo.
Cabe aclarar que Conradt no era inocente. Después de morir, la policía confiscó su computadora, y encontraron material pornográfico ilícito que lo incriminaba. Aún así, la situación despertó una inmensa polémica desde el punto de vista criminológico y legal, pues nunca fue juzgado ni procesado. Al convertir una persecución criminal en espectáculo, obtuvo varios detractores, como la familia del occiso que demandó a la televisora. Hansen, por su parte, fiel a su estilo polémico y directo, declaró abiertamente y sin ningún tapujo que no lamentaba la muerte de un pedófilo, y que “dormía muy bien por las noches”.
Aunque en Estados Unidos el programa fue un éxito, es importante señalar que en México es imposible, pues el artículo 21 constitucional reserva la investigación de los delitos al Ministerio Público y a las policías, bajo la conducción de aquel, mientras que la imposición de las penas corresponde exclusivamente a la autoridad judicial.
Con el paso de los años, Hansen crearía un modelo que muchos en internet copiarían. Su estilo de justicieros que se hacen pasar por menores para atrapar delincuentes sexuales hizo escuela, con nombres como Stinson Hunter.
En septiembre, se estrena la película ‘Primetime’ sobre la vida de Hansen. Será Robert Pattinson quien lo caracterice y no puede ser mejor actor, pues anteriormente dio vida a Batman. Para concluir, no puede quedar mejor la frase escrita por Paul Dini, guionista de este superhéroe, quien afirma: “Sean las cicatrices físicas o mentales, el crimen hiere a todo el que toca. Trae dolor y muerte. Envenena la mente y el alma. Y al final sólo deja desesperación”.
