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Jóvenes sobrevivientes

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El tema de los asesinos en serie siempre estará en boca de la gente. A cada rato surgen películas, documentales, series, novelas, reportajes y podcasts, todos con diferentes enfoques, que van desde la vida del criminal, hasta los policías que siguieron el caso y la tragedia de las víctimas. Un aspecto que no suele tomarse muy en cuenta es el de las víctimas que sobrevivieron y pudieron vivir para contarlo.
Esta semana, con motivo de la celebración del mes de la juventud que está a unos días de terminar, haremos una crónica de dos casos: ambos tienen por protagonistas a muchachos qué gracias al azar y la casualidad, sobrevivieron a desalmados asesinos en serie.
La primera historia tiene por villano principal al mismísimo payaso asesino, quien ya se ha mencionado en otras ocasiones en esta columna. Nada menos que John Wayne Gacy, quien en su tiempo libre se dedicaba a amenizar fiestas infantiles, disfrazado como un ‘chistoso’ payaso con el nombre artístico de ‘Pogo’, mientras tenía varios empleos, como empleado de funeraria o gerente; también, se dedicaba a asesinar personas, todos varones y adolescentes. En total se cobró 33 víctimas, 26 de las cuales fueron enterradas en el sótano de su casa. Todos estos escalofriantes hechos ocurrieron entre 1972 a 1978, la época de mayor auge de loa asesinos en serie.
El único sobreviviente de Gacy fue Jeffrey Rignall, quien el 21 de marzo de 1978 se encontraba caminando por la calle cuando un hombre a bordo de un vehículo se ofreció a convidarle marihuana y darle aventón. El joven Rignall de 26 años accedió, y una vez en el asiento, el conductor, quien no era otro sino John Wayne, le puso un trapo con cloroformo en la nariz, lo que lo durmió al instante.
Rignall despertó encadenado a un aparato de madera, que parecía ser un dispositivo de tortura. Vio que el hombre del coche tenía en sus manos cuchillos de diferente grosor y filo. Lentamente se acercaba a él.
Rignall fue torturado durante horas, después, al quedar inconsciente, Gacy creyó que había muerto y lo dejó en el Lincoln Park de Chicago.
El payaso asesino, que serviría de inspiración a Stephen King para escribir ‘Eso’, fue arrestado y ejecutado por inyección letal en 1994. Rignall se convirtió en escritor y publicó sus memorias, tituladas ’29 Bellow’, donde narra a detalle este caso. Su testimonio fue crucial durante el juicio del asesino.

EL DESTINO
La segunda historia tiene por protagonista a Steve Fishman, quien hoy en día es un reconocido periodista estadounidense. En otoño de 1975 tenía 19 años y realizaba sus prácticas profesionales en un periódico. De vuelta a su casa decidió pedir aventón, mientras deambulaba por las calles de Boston Rumbo a Norwich.
Se detuvo un sedán verde, donde iba un hombre pelirrojo llamado Robert Frederick Carr III. Aunque sintió que lo miraba de manera obsesiva, prefirió pasarlo por alto. El hombre lo dejó cerca de su casa.
Seis meses después, Carr se dio cuenta, leyendo su mismo periódico, que habían atrapado a un asesino en serie, que estranguló a 2 niños de 11 años y a una muchacha de 16. Cuando vio la foto del criminal, se dio cuenta que era el tipo que le dio ‘ride’.
Durante años, la duda de por qué Carr no lo mató atormentó a Steve. Años después, ya convertido en periodista, decidió ir a entrevistarlo a la cárcel y preguntarle. La respuesta helaría la sangre de cualquiera: “[…] ya te veías muy grande”.
Actualmente, Fishman se alió con la hija de Carr, Donna, y crearon el podcast ‘Smoke screen: my friend the serial killer’ donde los hechos se narran a detalle y se encuentra disponible de forma gratuita en las principales plataformas.
Los lectores interesados en el primer caso, pueden ver la serie documental sobre Gacy titulada ‘Conversaciones con asesinos’. Sobre Carr, el libro de la ganadora del Pulitzer Edna Buchanan.
A veces, el azar y el destino nos pueden salvar de un tétrico final.

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