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José Alfredo Jiménez y León: un encuentro de pasiones y dolores

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En 1926, la ciudad de León fue asolada por una gran inundación. En ese año empezó la primera guerra cristera. También fue inaugurada la cantina “El Gato Negro”. A más de 100 kilómetros de ahí, en Dolores Hidalgo, en el seno de un matrimonio de padre masón y madre profundamente católica, nacía un niño al que llamarían José Alfredo, en un 19 de enero. La ciudad, tiene como fecha de fundación el 20 de enero; aquello era casi coincidencia.

La relación entre José Alfredo Jiménez, compositor y cantante de reconocimiento nacional e internacional, habría de tener su cúspide 28 años después, cuando José Alfredo Jiménez estrenada en la feria de León la canción que sería himno de la ciudad y del estado: Camino de Guanajuato.

El destino comenzó a forjarse en 1936, en pleno cardenismo, cuando falleció don Agustín Jiménez Tristán, farmacéutico, dueño de la botica “San Vicente”, masón anticlerical. Su viuda, Carmen Sandoval Rocha, no pudo atender el negocio, que exigía un conocimiento especializado, pues en esa época los boticarios preparaban los medicamentos.

La señora se fue con sus hijos Ignacio, José Alfredo, Víctor y Ma. Concepción a la ciudad de México y radicaron en el emblemático barrio de Santa María la Ribera. Ahí la mujer puso una tienda de abarrotes, que no prosperó, y sus hijos Nacho y José Alfredo se convirtieron en el sostén de la familia.

La historia del dolorense se resume así: creció en el barrio, se dedicó a varias actividades, era mesero y luego integrante de un grupo musical en el restaurante “La Sirena” y mientras aspiraba a ser futbolista, en competencia por la posición de portero con Antonio “La Tota” Carbajal -que a la postre sería su compadre-, buscó oportunidad como compositor.

El encuentro de ciudad y compositor

Mientras José Alfredo crecía, León vivía sus momentos: su nueva plaza de toros, la “México”, construida en 1928 y ubicada en lo que hoy es el descargue “Estrella”. Fue escenario de la primera cristiada de 1926 a 1929, el surgimiento de la Unión Nacional Sinarquista en la década de 1930, la segunda cristiada (1934-1941), la integración de leoneses en el Partido Acción Nacional (fundado en 1939), la segunda guerra mundial con el afianzamiento de la industria del calzado y la gesta municipalista de 1945 con su consecuente matanza del 2 de enero de 1946.

José Alfredo comenzaba a cantar en la radio con el grupo “Los Rebeldes” (con los que cantaba en “La Sirena” de santa María la Ribera) en 1948, hasta que fue descubierto en 1950 por Andrés Huesca y comenzar con ello los pasos a la fama con la grabación de “Yo”.
Las canciones de José Alfredo pronto comenzaron a ser grabadas por cantantes de la talla de Jorge Negrete, Pedro Infante y Miguel Aceves Mejía. Sin tener la voz de los anteriores, el estilo de José Alfredo lo proyectó hacia la popularidad con una identidad propia.

En ese entorno de caos y glorias, la ciudad de León tenía en su feria su máxima celebración desde 1876, cuando se le creó para festejar los 300 años de su fundación. La feria tenía como distinción la exposición ganadera, su casino, su palenque (montado en la arena “Isabel”) y su plaza de toros. Ocupaba terrenos que iban desde donde hoy es la avenida Miguel Alemán hasta el parque Hidalgo y calles al norte en dirección a lo que hoy es la clínica del Instituto Mexicano del Seguro Social.

La plaza de toros era el espacio con más capacidad para el público, de tal manera que no sólo se usaba para la fiesta brava, sino también para la realización de espectáculos masivos. Si bien la variedad era presentada en la Arena “Isabel”, cuando se requería, se optaba por la plaza. En ella también estuvo José Alfredo.

Mientras José Alfredo iniciaba su camino musical, su hermano Nacho aprovechaba que en 1950 iniciaba operaciones la refinería de Salamanca y se fue a esa ciudad a trabajar.
Para ir de la ciudad de México a Dolores Hidalgo, José Alfredo usaba la ruta México Ciudad Juárez. Regularmente, pasaba a ver a su hermano y ambos convivían en la cantina “La Rosa de Oro”, ubicada en la esquina de Hidalgo y Colón. a unas calles de la casa donde Nacho vivía. Luego seguía su camino, muchas veces hasta León y de ahí para regresar por Silao y Guanajuato hasta llegar a su destino.

El paso por las ciudades era obligado, pues no había libramientos. Las carreteras se topaban en las plazas principales. Si el viaje era en ferrocarril, la vía cruzaba a la mayoría de las poblaciones.

Camino de José Alfredo por donde la vida no vale nada

En marzo de 1953, Nacho se casó y la fiesta fue en esa casa, ubicada en calle Revolución número 114. Cuentan las versiones salmantinas que Nacho comentó a José Alfredo: “le has compuesto canciones a muchos lugares, pero no a nuestro Guanajuato”
La versión popular indica que el vate de Dolores respondió: “Nacho, ya habrá momento de escribir a nuestra tierra, que es hermosa y eterna, pero ahorita lo más importante es escribirle y cantarle a las mujeres”.

Ignacio insistió y el hermano menor, en ese tiempo de 27 años de edad, se comprometió a escribir una canción para honrar al estado.

El destino, sin embargo, dispuso otra cosa: en los primeros días de octubre de 1953, Nacho sufrió un coma diabético. Lo llevaron a la ciudad de México, donde finalmente falleció.
Y en contra de los mitos urbanos, Nacho no murió en un accidente en la refinería ni tampoco lo mataron en una pelea de gallos ni en la cantina “La Rosa de Oro” por negarse a pagar una apuesta:

José Alfredo Jiménez Medel, uno de los hijos de José Alfredo ha dado a conocer el acta de defunción del mayor de los Jiménez. El documento indica que Nacho fue sepultado en el Panteón Francés de la Ciudad de México el 6 de octubre de 1953 y consigna que la causa de la muerte fue una pancreatitis consecuencia del coma diabético.
Las versiones de la familia indican que, en el velorio, doña Carmelita, madre de los Jiménez Sandoval, repetía una y otra vez “no vale nada la vida, la vida no vale nada”. De ahí partió José Alfredo para cumplir, aunque fuera de manera póstuma, la promesa a su hermano mayor:

“Camino de Guanajuato” fue compuesto a finales de 1953 y estrenado en enero de 1954 en la plaza de toros “México”.

El estreno causó extraordinario revuelo. Las reseñas indican que José Alfredo la cantó tres veces y la última lo hizo en los tendidos, entre un público eufórico y emocionado.

El “bonito León, Guanajuato”, en “su feria con su jugada” escuchaba que “No vale nada la vida, la vida no vale nada; comienza siempre llorando y así llorando se acaba. Por eso es que en este mundo, la vida no vale nada”, tienen su origen en ese dolor de hermano y el amor a una ciudad que cobijaba la fama al compositor.

La ciudad donde “se apuesta la vida y se respeta al que gana”; se haría más famosa a nivel nacional gracias a la canción, que fue uno de los grandes éxitos comerciales del año. En 1955 José Alfredo mostró una discreta versión de sus inicios como artista en la cinta “Camino de Guanajuato”, que fue éxito de taquilla en México y países hispanoparlantes.

Pero la relación con León no acabó ahí: José Alfredo solía regresar a la ciudad y desde 1956 lo hizo a través de la Caravana Corona, organizada por el también dolorense Guillermo Vallejo.

Cercana a la feria había una cantina: “El Gato Negro”. Ahí confluían los artistas que llegaban a cantar en la festividad o en giras posteriores. El negocio, que era propiedad de la familia Rivas, estaba frente a donde actualmente se ubica, en la calle de Reforma casi esquina con Justo Sierra.

Ahí fluyen las anécdotas del encuentro de parroquianos con el dolorense.
El 20 de enero y el 19 de enero son casi el mismo día. Uno celebra 450 años de fundación de lo que hoy es una de las más importantes ciudades mexicanas; el otro celebra el centenario del natalicio de una de las máximas leyendas de la canción mexicana del siglo XX.

En León, José Alfredo, se apuesta la vida y se respeta al que gana, en esa feria con su jugada donde la vida no vale nada.

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