Javier, un pequeño de 4 años con discapacidad visual de nacimiento, participó en esta Primera Miniolimpiada para niños con discapacidad y se mostró sumamente contento por ello.
Maltrato en el IMSS
Francisco, su padre, relató su historia con este diario en la que dijo que cuando nació, en mayo de 2015, no sabían que tenía discapacidad; sin embargo, con el paso de los días, se comenzaron a dar cuenta de que algo no estaba bien y su esposa lo llevó al Seguro Social, en donde, aseguró el papá, su hijo recibió muy mala atención.
“¿Cómo iba a saber si tenía algo el pequeño si aún estaba muy pequeño?”, le dijeron.
Francisco y su esposa no se quedaron con esa versión y afortunadamente tuvieron el apoyo de la ciudadanía. Con actividades en el Jardín Principal, como venta de comida y dulces, lograron obtener fondos para ir a Jalisco a realizar diversos estudios a Javier, como una electrorretinografía.
Los estudios comprobaron la discapacidad de Javier, y “cuando nos dieron la noticia se sintió un dolor muy feo”, expresó Francisco.
La noticia no los hizo doblegarse ante la situación y comenzaron a “echarle ganas”, lo llevaron al CAM (Centro de Atención Múltiple), en San Francisco del Rincón, y ahí comenzaron a darle estimulación.
Sin embargo, el niño tuvo que dejar de ir al centro porque desgraciadamente falleció su abuela, madre de Francisco, y hasta hace poco apenas regresó al tratamiento.
Sacrificios
Para que Javier ingresara al kínder, sus padres también batallaron un poco porque al inicio no lo querían por su discapacidad. Afortunadamente Javier ha aprendido muchas cosas y ha demostrado tener un sentido común y una excelente memoria para los sonidos y texturas, quizá no ve, pero sus demás sentidos le han permitido poder reconocer y diferenciar objetos, comidas y personas.
Ya está en el kínder, pero su padre contó que le ha dicho que a veces no quiere ir con esa maestra porque no le deja hacer nada; pero cuando lo ponen con otra, a él le gusta más porque le brinda la libertad.
Ya comienza a aprender el Sistema Braille, pero tanto su madre y su padre tienen que trabajar y también estar con él.
Incluso, Francisco perdió el trabajo por acompañarlo a todos lados, pero dijo que no lo pueden dejar solo por ahora.
El abuelo de Javier y padre de Francisco, actualmente vive con él, por la diabetes le amputaron las dos piernas del cuerpo y de alguna manera también requiere atenciones similares a las de “Javi”.
En su familia, Francisco y su esposa cuidan de su papá y también de sus 3 hijos, la mayor está estudiando la licenciatura, Berenice, de 19 años, a quien le sigue Luis, de 10, quién está en la primaria, y el pequeño Javier, de 4, quien está en el kínder.
