El hoy pueblo mágico de Jalpa de Cánovas fue considerado en su momento el granero de México.
Esto gracias a las grandes riquezas que había en la zona, desde diversos tipos de cultivo, hasta la crianza de toros de lidia.
TODA LA EXPERIENCIA
Gerardo Rojas es un habitante de la comunidad de Jalpa de Cánovas de toda su vida. Tiene 57 años y no sabe leer ni escribir, sin embargo, tiene toda la experiencia y el conocimiento histórico del lugar que lo vio nacer y que probablemente lo verá morir, expresado así por él mismo.
Él fue quien compartió con este diario sus recuerdos de la infancia, cuando todavía le tocó ver a los toros en los prados que están a un par de kilómetros del costado de la presa vieja de Jalpa, quedando de frente a lo que se le conoce como la galera, una bodega sumamente amplia y extensa utilizada como granero en su momento.
Esos espacios eran destinados exclusivamente para ganadería brava, pero dijo que él y sus amigos a veces iban a explorar y a curiosear muy cerca de donde se encontraban, y en el peor de los casos, traspasaban el límite de la cerca y salían corriendo una vez que los toros tenían su atención y los seguían.
“Dice mi padre que el caporal ya tenía la mano engarruñada de sólo jalar las cuerdas de donde adoraban a las reses”, expresó.
PELEA DE TOROS
No todos los toros eran para corridas; se hacía una especie de combate entre ellos mismos para definir cuáles servirían para trabajar el campo y cuáles sí eran para torear.
Los que ganaban, lógicamente, eran los que serían para combate en las arenas de todo el país y, como en Jalpa no pasaba la vía del tren, tenían que ir jalándolos varias personas hasta la estación del municipio vecino de San Francisco, para que de ahí se llevaran a las ciudades más importantes de todo el país.
De ahí que el caporal ya tuviera la mano dañada, sin poder abrirla al 100%, pues eran más de 20 km los que recorrían para llevar a uno de estos animales a los vagones del tren.
GANADO BRAVO
En el museo del pueblo, hay imágenes de todo este ganado. El señor Luis Cabrera, cronista del pueblo mágico de Jalpa de Cánovas y encargado del museo, que por cierto lleva su nombre, relató para este diario que efectivamente existió la crianza de ganado bravo en la zona.
Así pues, también explicó la función que desempeñó la gran galera a un costado de la presa vieja. Hoy en día se ha convertido en un hotel con cierto lujo, pero en su construcción, aproximadamente en los años posteriores al 1860, fue una de las 3 bodegas que se construyeron con dinero que se supone iba a ser utilizado para un nuevo templo.
LAS HACIENDAS
Doña Manuela Monterde y Albarrán, condesa de la presa, en los años de 1800 dejó dinero para construir el templo en su testamento en el año de 1849 y también le heredó Jalpa a los dos hijos menores que tenía. Uno de ellos era su hija Ignacia Ceballos, en quien confió más dejándole el dinero para el templo a su cargo.
Ignacia se casó con Manuel Cánovas, y desafortunadamente falleció siendo muy joven y en su testamento dejó el dinero que se supone era destinado para hacer el templo a cargo de Manuel.
Sin embargo, cuando Manuel quedó viudo, y como era ateo, no le interesó hacer el templo y construyó 3 bodegas: una en Guadalupe de Jalpa; otra en el Tecolote y una más en Jalpa, la que está a un costado de la presa, sin embargo, esta última no fue techada, por sus grandes dimensiones.
Las otras dos bodegas si tenían techos, eran de madera, y se utilizaban para almacenar semillas.
Después de que Ignacia falleciera, Manuel se casó nuevamente ahora con Octaviana Portillo a quien le recuperaría el dinero para la construcción del templo después de su muerte en 1872.
Hoy en día al ser un Pueblo Mágico la mayoría de estos inmuebles como la gran bodega a un costado de la presa se han convertido en hoteles o pequeñas estancias, pues de toda esa riqueza que llegó a tener Jalpa de Cánovas criando toros de lidia y siendo el granero de México, sólo quedan fotografías, recuerdos, los inmuebles históricos y mágicas historias.




