
Durante el evangelio, Borja evocó la Parábola del Hijo Pródigo, realizando la comparación de que Jesús toca, de manera existencial, al pecador, puesto que quiere redimirlo, abrazando al que está mal porque así existe la esperanza.
La enseñanza de la escritura, explicó el sacerdote, es que la realidad no es tan sencilla para poder dibujarla en blancos como negros. Hay muchos matices y colores. Algunos podemos andar lejos de Dios, perdidos, en las cuestiones materiales, pero la capacidad de perdonar.