“El incremento al salario mínimo es de risa, quisiéramos que con esto vivieran los políticos, los sueldos son para medio comer, y la carne, por más que se le da vuelta al caldo no sale, es triste, los pobres somos cada vez más pobres”, lamentó Cruz Oliva Hernández, quien es campesina.
Indicó, que tanto patrones como gobiernos son insensibles con la clase trabajadora, y aunque la gente se esfuerce trabajando, en ocasiones hasta 10 horas continuas, no alcanza para las necesidades en el hogar.
NI PARA TORTILLAS
El aumento al salario mínimo fue de 8 pesos con 32 centavos, lo que no alcanza ni para un kilo de tortillas que se ofrece de 14 a 15 pesos, el alimento básico en los hogares mexicanos.
Las amas de casa cada semana se encuentran con nuevos precios en los mercados y tienditas donde hacen su despensa; sin embargo, coinciden que cada vez alcanza menos con lo que ganan sus esposos.
“Hacemos milagros con lo que nos dan, y ni como pedirles más, si vemos que ellos (esposos) se quedan también sin nada. Los sueldos son bajos, y trabajan mucho, pero ganan poco”, apuntó Alma Leticia Pérez.
El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social estimó que para alcanzar la línea de bienestar, era necesario que el salario llegara a los 95.24 pesos, pero la Secretaría de Trabajo y Previsión Social no lo creyó conveniente, porque se presionaría al Banco de México en torno al interés, lo que resultaría contraproducente.
COMPRAN MENOS
Martha Agripina, ama de casa, dijo que con los precios tan altos, ahora sólo compra medios kilos, o algunos productos los sustituyen por otros más baratos.
“De verdad no alcanza para nada, mire cómo está el jitomate, el azúcar, el frijol, el huevo, todo está caro, ya ni que decir de la carne. Cada semana nos encontramos con nuevos precios, pero nada baja”, refirió la mujer.
Yolanda Cano, comentó que su esposo es obrero en una fábrica de calzado, y con lo que gana no les alcanzaba, así que por las tardes también ella trabaja desde su casa, ya que no quiere descuidar a sus pequeños hijos.
“Ya no sabe uno cómo hacerle, los hombres llegan desesperados porque le digo a mi esposo, ya se acabó el gas, hay que pagar la luz, cosas que les piden a los niños en la escuela, mejor me puse a trabajar en la casa, me llevan cortes para coser, es de la única manera que medio alcanzamos”, manifestó.
