Vivimos tiempos complejos en la comunicación interpersonal, que requieren de claridad lógica, para evitar conflictos. El crecimiento enorme de la cantidad de normas jurídicas, dificultan que el ciudadano no familiarizado con la materia jurídica tenga problemas que pudieran evitarse con divulgación de principios generales del derecho o con la lectura cuidadosa del texto constitucional.

Pero en tanto no ocurra una mayor cultura jurídica entre la población, será necesario que los partidos políticos con la valiosa ayuda de las instituciones de educación superior, generen políticos esencialmente cultos en la ciencia política; que sus campañas incluyan jornadas de capacitación y concientización ciudadana, para que el diálogo penetre a todos los estratos sociales y el análisis sobre cuestiones de interés general, eleve su calidad para fortalecer las instituciones con una ciudadanía militante.

Las escuelas de todos los niveles deben reforzar las acciones de los gobiernos para lograr mayor vigencia de las normas y los estudiosos de las ciencias jurídicas y políticas, tomen partido en el debate nacional, sobre la naturaleza y destino de las instituciones sociales y del estado nacional en su conjunto.

Es conveniente que las elecciones permitan el acceso al ejercicio del poder a grupos de origen distinto. Cuando la idea del Estado y la nación han calado hondo en la conciencia ciudadana. Pero si las elecciones tienen como finalidad exclusiva el cambio de personas o grupos sin rumbo cierto para las instituciones, se pierde el sentido esencial de la democracia y se accede peligrosamente a la anarquía que abre paso a los gobiernos sin valores que sirvan de inspiración y freno.

El hogar y la escuela deben ser guardianes permanentes de los valores que sirvan de sostén a las instituciones. Mantener alejados a la escuela y a la familia del funcionamiento del Estado, es suicida. Las universidades deben asumir el papel histórico que las necesidades del desarrollo social les tienen reservado.

Es tiempo de organizar científicamente a la sociedad, con el concurso entusiasta de los estudiantes y egresados de la educación superior, para ayudarles a cumplir su trabajo en la evolución de la sociedad. Muchos egresados de las escuelas e instituciones de educación superior tienen un lugar de privilegio, que deben entender como deber de crear condiciones para que otros tengan acceso a los bienes de la civilización y la cultura que ellos disfrutan.

Dividir en sectores sin comunicación a la sociedad o fomentar la enemistad con los gobiernos es una práctica deleznable, pues el letrado tiene la obligación científica y moral de entender los problemas sociales y contribuir a solucionarlos. Debe colaborar con su ciencia a la armonía social. Llamarlos a filas es un imperativo social, encontrar la manera de hacerlo, un desafío que es necesario enfrentar.

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