En el ámbito popular se conoce a los “ídolos de barro” como figuras convertidas en celebridades o personajes admirados por cientos o millones de personas y que se vienen abajo rápidamente, a consecuencia de algún escándalo judicial, ético, moral o cultural en su sociedad.
Cuesta mucho, pero mucho trabajo hacerse de un “buen nombre” o reconocimiento social o público, teniendo que pasar mucho tiempo para construir esa buena reputación, que precede al personaje en cuestión. Y es muy rápido, la caída de la reputación. Solo basta, un acto o acontecimiento para que se derrumbe el “buen nombre”.
Este es el caso del futbolista Cuauhtémoc Blanco, quién jugó en el club América, alcanzo gran fama y notoriedad por su estilo de juego y su capacidad goleadora, siendo el segundo máximo goleador en la historia del equipo de Coapa. Su participación en la selección mexicana, lo encumbró también, a la fama por sus hazañas deportivas.
A todo esto, hay que agregar su origen humilde, proveniente del barrio bravo de Tepito. Su léxico caracterizado del famoso barrio, lo hizo aún más popular y querido por cientos y miles de aficionados del club América e incluso, por aquellos amantes del futbol que festejaban sus victorias futbolísticas. Fue tal su fama, que lo llevó a protagonizar papeles en telenovelas.
Durante su época gloriosa de fama y popularidad cómo auténtico ídolo, sus amoríos con famosas artistas del espectáculo, lo catapulto aún más para ocupar espacios en la prensa del corazón y evidentemente, para muchos machos bravíos mexicanos, fue un referente e hizo realidad la celebre frase mexicana: “cartera mata carita”.
Sin embargo, durante ese pasaje de “galán de telenovelas” y conquistador de artistas del espectáculo, comenzó a enseñar el cobre de su pobreza de educación, moral y ética. Con escándalos respecto a sus infidelidades y desconocimiento de paternidad, en episodios llenos de morbo y escándalos mediáticos.
Ya retirado del futbol profesional y de su andar de rompecorazones en el mundo del espectáculo, su paso en la política también se tornó, caótica. Asesorado por su entonces representante, el famoso “Cuau” cree aquellas palabras que le decía José Manuel Sanz, que era tan querido y amado por el pueblo, incluso por arriba de Hugo Sánchez.
José Manuel, con la habilidad que siempre le caracterizó en los negocios, se dio a la tarea de buscar líderes políticos con ascendencia en partidos políticos, que pudieran “fichar” a la exestrella del futbol para un puesto de elección popular. Eso sí, no cualquier puesto, tenía que ser una posición estratégica donde hubiera presupuesto y visibilidad pública nacional.
Es así como llega al Partido Socialdemócrata, un partido local de la ciudad de Cuernavaca, quién lo hace candidato a la presidencia municipal, a cambio de un polémico pago al “Cuau” vía su representante, por siete millones de pesos. ¿Por qué Cuernavaca? Si, todo mundo sabía, que el personaje en cuestión era originario de la CDMX y concretamente del barrio de Tepito.
Sanz, tenía muy bien calculado y perfectamente informado, que en la ciudad de la “eterna primavera” cómo se le conoce a “Cuerna”, la enorme cantidad de gente de la CDMX que vive y asiste cada fin de semana a descansar, eran o son, en su gran mayoría aficionados del club América y, por ende, el conocimiento y reconocimiento que existía a favor del exfutbolista era incuestionable.
En ese momento, inicia un atropellado proceso en cuanto a cumplir con uno de los requisitos electorales de la ley local, para satisfacer la residencia que, por norma, tenía que acatar todo aspirante a un puesto de elección popular en Cuernavaca, Morelos. Después de todo un proceso oscuro y lleno de anomalías e interpretaciones legales, en el seno del IFE (hoy Instituto Nacional Electoral), nace el político futbolista.
Ganando las elecciones para presidente municipal en 2015, renuncia al partido que lo postuló y se afilia al Partido Encuentro Social, que en 2018 lo postula como candidato a gobernador del Estado, para el período 2018-2024. Su paso como titular del Poder Ejecutivo de Morelos, estuvo siempre lleno de escándalos de corrupción y, sobre todo, su probado acercamiento en imágenes con jefes del narco en la región.
Su derrumbe político, pero sobre todo, como ídolo ha quedado sepultado por sus excesos y por su amoralidad en su comportamiento, al grado de conductas delincuenciales que han sido permitidas y solapadas por el poder político que vive hoy en día México. Su impunidad ante la ley ahí está, pero el veredicto social, también.
¿No cree usted?
