De las 250 casas de huéspedes para estudiantes y turistas reportadas por instancias privadas y oficiales, que existen en la ciudad, la mayoría, además de no tener los permisos para su funcionamiento, se encuentran en condiciones deplorables, ya que se trata de viejas casonas ubicas, principalmente, en el diverso puntos del centro histórico.
Son inmuebles que datan desde los siglos XVI, XVII, XVII, XIX y XX, construidos básicamente de adobe, un material sensible a las inclemencias del tiempo.
Además, son espacios reducidos que reflejan sus instalaciones incrustadas en los montes, montañas y cañadas que circunda a la ciudad capital.
En esto coincidieron diversos historiadores, urbanistas, ecologistas e incluso estudiantes.
Las fuentes informativas, también coincidieron en señalar que esas viejas casonas sirven como albergues sin la menor protección, sobre todo durante sus horas nocturnas, cuando disfrutan su relajación con desveladas y fiestas colectivas, sobre todo los fines de semana y puente vacacionales.
