
Es cierto: cada que se celebra un Mundial de futbol, abunda la buena vibra, la alegría, la convivencia entre las naciones y la unión… pero no siempre ha sido así. A lo largo de la historia del siglo XX, ha habido casos en los que esta fascinante fiesta futbolera, se transforma en el método perfecto para ocultar uno de los peores crímenes que se pueden perpetrar: los del Estado.
En particular hay dos casos que se recuerdan muy bien, y que existe amplia información al respecto, hoy vamos a evocar el lado más oscuro de la Copa del Mundo.
Cuando arranca el Mundial Argentina ’78, la terrible dictadura encabezada por Jorge Rafael Videla ya llevaba dos años vigente. En aquellos años hubo miles de desaparecidos, abundaban las torturas y la violación a los derechos humanos. Por tanto, para la Junta Militar era la oportunidad perfecta para lavar una imagen infame que tenían en el resto del planeta. Todos los fanáticos recuerdan aquel Mundial por Menotti, como el gran técnico del país sede, y a Mario Alberto Kempes como el héroe e ídolo, pero muchos pasan por alto el aspecto más maligno, aunque oficialmente, Videla lo llamó “el Mundial de la paz”.
Uno de los muchos desaparecidos fue incluso hermano de un jugador: Norberto Julio Morresi, quien fue torturado y asesinado a los 17 años el 23 de abril de 1976 por la dictadura cívico-militar. Claudio, quien fue centrocampista, fue uno de miles de argentinos que padeció el horror.
Otro de los momentos más recordados por los sobrevivientes, fue que durante los festejos de la selección, los militares sacaban a dar una vuelta a sus víctimas en coches. En algunos testimonios de sobrevivientes se describe cómo los represores realizaban traslados o exposiciones controladas de detenidos, en un ejercicio de humillación psicológica que reforzaba la sensación de abandono.
“Si me pongo a gritar que soy una desaparecida, nadie me va a dar pelota, pensé mientras lloraba”, señala el testimonio de Graciela Daleo.
La información sobre estos hechos abunda, pero una excelente página en la red es papelitos.com.ar y el libro ‘78. Historia oral del Mundial’ de Matías Bauso.
LA INFAMIA
Pero lo que más se recuerda de aquel Mundial fue que a tan solo unas calles del Estadio Monumental River Plate se encontraba la Escuela Mecánica de la Armada (ESMA) epicentro de la tortura y muerte de la dictadura. En ese lugar, era común que las víctimas fueran encapuchadas y colocadas en posiciones dolorosas durante meses, hubiera toda clase de abusos que el ser humano puede imaginar, se les asfixiara por inmersión y finalmente, se les aplicase el llamado ‘vuelo de la muerte’, el método de ejecución más espantoso de aquellos tiempos, en los que se inyectaba sedante a las víctimas para posteriormente llevarlas en aviones militares para arrojarlos al mar o a Río de la Plata.
Uno de los aspectos que más se recuerdan de aquel evento deportivo fue que, mientras todo el planeta celebraba el triunfo de la final, los gritos de júbilo y alegría se mezclaban con los lamentos de los torturados. De hecho, estos últimos escuchaban los goles desde su martirio que para ellos, duraba una eternidad.
Mención aparte merece el Mundial de 1934, además de haber sido el segundo de la historia, fue la fachada perfecta para que el mismísimo ‘duce’, Benito Mussolini, hiciera ver ante el mundo al fascismo como un sistema de gobierno perfecto, sinónimo de vigor, disciplina, entrega, formalidad y estabilidad económica. El balón y la cancha fueron, pues, una propaganda de lo que ahora sabemos qué es el fascismo.
Hasta el día de hoy, se recuerda cómo el Líder Italiano nacionalizó jugadores a velocidad relámpago, además, que en el partido de Italia-España, abundaron las faltas y hubo otras sospechas de intervención del régimen.
Hay mucho qué hablar sobre crímenes y futbol, de modo que continuaremos la próxima semana.