“Hombres que cambian. Construyendo familias plenas”, fue el título que la Casa de Apoyo a la Mujer le puso a este esfuerzo en el que reunió a especialistas en el tema, pero sobre todo, a la comunidad leonesa interesada en que cada vez sean menos las mujeres y los niños que resulten víctimas del maltrato del que se considera cabeza de familia.
El evento estuvo enriquecido por el testimonio de algunos hombres que tuvieron la humildad de reconocer que requerían ayuda para controlar ese sentimiento que muchas veces se considera enojo pero que está comprobado que puede disfrazar alguna que otra sensación como la impotencia o la tristeza.
El foro, diseñado para poner en la mesa que para frenar la violencia no solo se trata de atender a quien la padece, sino también a quien la genera y que hay maneras de poderlo cambiar, según lo dicho por Maribel Llamas, organizadora del evento, contó con los testimoniales de algunos hombres que se encuentran en el proceso de mejorar ellos para contribuir a que sus familias y sus descendientes vivan en plenitud.
“Creo que lo primero que bueno que escuché es como tener valor, primero, de tratar de entender y aceptar que uno tiene algunos problemas y que necesita ayuda. Muchas veces yo, que soy ingeniero, me he apoyado en cursos y cosas técnicas y muchas veces descuidamos nuestra parte personal, sentimental, psicológica”, afirmó Gerardo en su participación..
Afirmó que es importante entender como hombre, que a veces se necesita apoyo.
“El mensaje que yo daría es no tenerle miedo ni tener vergüenza de pedir ayuda. Al contrario, creo que el hecho de poder tener a la mano las herramientas como las que me tocó la fortuna de recibir del instituto, me ha servido en lo personal; primero a mí y luego a los que están en mi entorno, porque el hecho de tener este conocimiento y mejorar mis comportamientos respecto a la violencia, han hecho que yo me sienta mejor”, explicó.
Dijo que por lo tanto, esto beneficia a su pareja, a su hijo y a su entorno.
“Además, se debe tener paciencia, porque es un proceso. Yo me tuve que cuestionar cuántos años llevo con el comportamiento anterior y entendí que no se puede cambiar en un dos por tres lo que se ha manejado por años”, recalcó.
En el caso de Adrián, él afirmó que lo que lo impulsó fue ver la carita de terror de su hijo de dos años, cuando él se violentaba.
“Decidí entrar a este programa, porque vi cómo generaba depresión y miraba cómo me veía mi hijo cuando pasaba eso. Entonces, fue cuando me cayó el 20 y dije, ‘¿Qué estoy haciendo?’, ante la mirada de mi hijo asustado, cuando yo explotaba”, compartió.
Afirmó que al principio le resultó un poco estresante.
“Cuando a uno le dicen, ‘tú generas violencia’, uno cree que no es cierto o uno cree que es normal», acotó.
Destacó que la gente lo normaliza porque la familia, la sociedad misma, inclusive los programas de TV y las redes sociales, “uno piensa que es normal”.
Insistió en que lo más difícil es aceptar y trabajar sobre la responsabilidad propia.
“Es difícil dejar de culpar a los demás; a mi pareja. Esforzarme y trabajar 100% sobre mí, sobre mis acciones y agarrar esa responsabilidad y cambiarla”, compartió.
