
Desde las 5:00 de la tarde, aficionados y fanáticos con uniformes verde esmeralda, y a rayas rojo y blanco, se acercaron al Nou Camp. Había de todas las edades, de todos los géneros: niños, adolescentes, adultos y adultos mayores. Incluso, no faltaba quienes llevaran entre sus brazos a perritos de raza pug y chihuahueños.
Las porras a los rayados, así como los panzas verdes, se escuchaban a todo pulmón junto con los claxonazos y las batucadas. Algunos chiflaban y otros aplaudían, y aunque se congregaban cientos de personas, todos usaban su cubrebocas.
La policía y los agentes de tránsito no paraban de vigilar que la gente llevara los cubrebocas necesarios. Algunos eran desechables de color azul o negro, y otros con motivos del Club León.
Fue alrededor de las 6:30 de la tarde que todos los alrededores del estado Nou Camp estaban repletos de gente, mientras agentes de policía, tránsito y Protección Civil aguardaban en sus puestos. Los uniformados, ya afuera a bordo de patrullas o equinos, miraban la algarabía de la afición.
El tráfico comenzó a hacerse más intenso conforme el equipo llegaba. Los claxonazos de los automóviles se mezclaban con el ruido de las trompetas. Como siempre, el ondear de las banderas no podía faltar.
Uno de los elementos nuevos de este escenario de tiempos del coronavirus era un camión con una manta que le advertía por igual a los seguidores de las Chivas y el Club León: “Juzgado cívico, sanciones por no usar cubrebocas”.
Aún así, la afición se congregó hasta cerca de las 8:00 de la noche, cuando entre gritos de emoción, niños, mujeres, adultos a personas de la tercera edad de toda la ciudad recibieron al camión que llevaba al equipo.
Verdes contra rayados. Rayados contra verdes.