miércoles, agosto 26, 2026
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Hijo del creador de máscaras de lucha libre visita León

Las máscaras de luchadores son un ícono; no solo en México sino en todo el mundo. Se trata de un arquetipo universalmente reconocido, parodiado, homenajeado y retomado en cómics, películas, series televisivas, pinturas y múltiples eventos. Eso todo mundo lo sabe. Lo que pocos sí están al tanto es que el creador de esta prenda es orgullosamente leonés: Antonio Martínez.

Su hijo, Víctor Rubén Martínez Aledaño, visitó León durante el evento “A dos de tres caídas”, y recordó la importancia de este símbolo mexicano. Señaló que se trata de un elemento que identifica al mexicano en el mundo, como lo es el charro o los trajes típicos.

“Para mi llevar el apellido de mi padre no solo es un orgullo, sino también una enorme responsabilidad”, señala, al momento que recuerda la historia de su progenitor:

Todo comenzó durante la década de los treinta, cuando Antonio Martínez decidió mudarse de León a la Ciudad de México. Había nacido en la Zona Centro de la ciudad, cerca de la ex cárcel municipal, donde hoy en día está la escuela de Artes plásticas.

En su búsqueda de probar fortuna en la capital, pues ya tenía experiencia cortando cuero para hacer calzado, comenzó haciendo botas para un luchador llamado el Charro Aguayo. En ese entonces la lucha libre comenzaba a consolidarse en México. Un día, un luchador irlandés conocido como el Ciclón Mc Key visitó el taller del leonés recién mudado a la ahora CDMX.

Corría el año 1933, y el Ciclón pidió a Antonio un antifaz que le cubriera la cara. Desgraciadamente la fecha de entrega llegó y el leonés no tenía listo el encargo, lo que hizo que el luchador se enfureciera y le arrojara el dinero al suelo. Sin embargo el luchador regresó al taller, porque no encontraba nadie que hiciera una prenda. Finalmente, ambos llegaron a un acuerdo y perfeccionaron la prenda, convirtiéndose en lo que hoy en día es la máscara de luchador.

“Antes de mi padre eran muy poco comunes los luchadores mexicanos. Mi papá como todo provinciano sufrió mucho. Él era autodidacta y siempre lo fue. Triunfar en México en ese entonces siendo de provincia era rarísimo. Estuvo en muchos talleres, y en sus ratos libres iba a las luchas. Mi papá, cuando era novio de mi mamá, la llevaba a las luchas en vez de al cine”, recuerda Víctor.

Hasta el día de hoy, Víctor conserva con orgullo la primera máscara de piel, hoy en día invaluable no solo por su valor histórico, sino por lo que significa para la cultura pop mexicana y universal.

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