La semana pasada ilustró -con el caso de un trabajador que afirma que antes la situación era mejor- cómo se ha ido perdiendo el poder adquisitivo, en términos reales, de los mexicanos. Pues bien, el pasado 31 de julio el INEGI dio a conocer los resultados de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2018, cuyos resultados pueden ser contrastados con el levantamiento de datos realizado dos años atrás. La estadística que se presenta parece no ser muy alentadora. La situación de ingresos en una familia mexicana promedio parece estar estancada; y la brecha entre aquellos que más perciben y aquellos que menos generan, sigue siendo abismal.
En términos generales, el promedio de ingresos trimestrales en los hogares mexicanos fue de 49,610 pesos. Es decir, aproximadamente 16,537 pesos mensuales, teniendo en consideración que, por cada hogar, existe un promedio de 2.38 generadores de ingreso. Las percepciones mensuales por generador de ingreso fueron de aproximadamente 6,948 pesos mensuales, cifra que se asemeja al ingreso que utilicé la semana pasada de 6,400 pesos mensuales, para el caso de un trabajador típico en la ciudad de León. Los gastos promedios por hogar, por trimestre, ascendieron a 47,205 pesos, equivalentes al 95 por ciento del ingreso corriente, lo cual no deja mucho margen para ahorro o inversión.
De los datos más significativos se encuentra el ingreso por deciles de hogares. En los hogares del primer decil, percibieron un ingreso trimestral promedio de 9,113 pesos. Esto es 3,038 pesos mensuales por hogar, lo que quiere decir que, cada uno de los generadores de ingreso en la familia percibió, en promedio, 1,276 pesos mensuales. Por el contrario, en el décimo decil, cada hogar generó un ingreso corriente trimestral de 166,750 pesos, equivalente a 55,583 pesos mensuales, en los que cada perceptor de ingreso generó, en promedio, 23,354 pesos mensuales. Cabe señalar que en ambos deciles la situación en comparación con los resultados de la encuesta de 2016 se deterioró.
Cuando se analizan las cifras de ingreso por nivel educativo, aquellos que terminaron la primaria, percibieron un ingreso trimestral de 8,527 pesos, lo cual representa un ingreso mensual de 2,842 pesos. Las personas que terminaron la preparatoria generaron 19,316 pesos trimestrales o 6,438 pesos mensuales. Los profesionistas obtuvieron un ingreso mensual de 12,392; y, aquellos con un posgrado terminado, alcanzaron una cifra trimestral de ingresos de 86,880, equivalente a 28,960 pesos mensuales. Puede apreciarse una relación directa entre el nivel de estudios y el nivel de ingresos. Por ejemplo, de acuerdo con las cifras presentadas por el INEGI, una persona que tiene un título de maestría percibe, en promedio, 4.5 veces más que un trabajador que terminó la preparatoria.
Esto debe obligarnos a cuestionar el modelo de país que deseamos que se construya. No hay duda de que debe cerrarse la brecha entre aquellos con más altos ingresos y los que menos perciben, pero esto puede lograrse de dos formas: derrumbando el ingreso de aquellos más preparados y, por ende, más competitivos y que generan un alto valor agregado; o apostando por un modelo económico que promueva la inversión privada, el emprendimiento, la innovación y que apueste por la formación de talento mediante un mejor modelo educativo. Creo que la respuesta es evidente. Es preferible buscar incrementar el nivel de ingresos del primer decil, que buscar cerrar la brecha de desigualdad, con una disminución del ingreso de los que más generan.
Guillermo Ituarte Marumoto
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