El formato de comunicación del actual gobierno federal y concretamente del presidente AMLO, ha caído en el hartazgo y en el descrédito por parte de su actor principal que miente, engaña y confronta a los mexicanos todos los días. A partir de las 7 a.m. todos los días en Palacio Nacional se difama a “alguien” y lo peor, se engaña y confunde al pueblo con embustes e historias varias.

Desde que AMLO era oposición, siempre hablaba de diferentes complots contra él en lo personal y su “lucha social”. Ahora como presidente de México, llevamos más de dos años y medio escuchando al mandatario hablar de teorías de la conspiración contra su persona, gobierno y movimiento de “transformación la 4T” así como también, vociferar sobre teorías de inestabilidad de todo tipo.

No hay duda que hoy por hoy vivimos una democracia inestable por donde se quiera ver y analizar: política, social, económica, moral, representativa,  institucional, etc., etc…  En la presente administración hemos visto cómo el Gobierno ha destrozado la cultura cívica de los mexicanos, que de por sí nunca fue alta o fuerte, rompiendo la poca relación entre ésta y la estructura política; la cual, el propio mandatario se ha encargado de erosionar todos los días con sus mensajes incendiarios.

La cultura cívica es una cultura de participación, en la que, sin embargo, no faltan actitudes propias de tipo súbdito o parroquial. La cultura parroquial es una cultura con valores tradicionales y es propia de los ciudadanos que tienen muy poca conciencia del sistema político del que forman parte. La cultura súbdita es típica de aquellos que se limitan a plantear demandas sin participar en la vida del sistema.

Como verán, ambas culturas se ajustan perfectamente a la triste y precaria realidad de los ciudadanos mexicanos en su inmensa mayoría, donde vemos la falta de interés y participación en los procesos electorales y en el debate público con respecto a los grandes problemas que hoy vive el país y su pueblo. Los valores tradicionales del mexicano: “¿para qué?, no tiene caso, siempre es lo mismo, así nací, así moriré, etc., etc…” son los que predominan e infieren en el desánimo colectivo.

Y qué decir de la cultura súbdita, que solo les interesa denunciar sus propios problemas o domésticos con respecto a sus necesidades de servicios como falta de luz, agua, seguridad pública, recolección de basura y un largo etcétera que se queda ahí, sin ningún interés social y político importante de participación ciudadana y que abone a la vida del sistema político. Necesitamos una actividad política viva, un compromiso civil de tiempo completo y no solo cada tres años cuando hay elecciones.

La vida democrática inestable que hoy vivimos todos los mexicanos sin excepción, es producto de la apatía social y también de la falta de opciones serias por parte de los partidos políticos que siguen ajenos al interés ciudadano y sólo ven por ellos y su futuro político personal. Nadie increpa al demagogo presidente López Obrador, por lo que él se despacha con la “cuchara llena” todos los días mintiendo, engañando y dividiendo a los mexicanos.

¿No cree usted?

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