
En la página de ‘Cultura UNAM’, Máxima Casa de Estudios de México, se explica claramente en un video de divulgación que “el término ‘ecocidio’ se tipifica como cualquier daño ambiental que afecte la flora, la fauna y los recursos naturales tanto atmosféricos e hídricos de un ambiente natural, rural y urbano, y es considerado un crimen internacional”.
Fue usado por primera vez en el año de 1970, después de la Guerra de Vietnam, cuando fueron usados herbicidas para destruir el hábitat de las tropas vietnamitas, rivales de Estados Unidos, causando daños enormes al ecosistema. Fue propuesto por Arthur Galston, quien era biólogo del departamento de botánica de la Universidad de Yale. En 1972, el entonces Primer Ministro de Suecia utilizó por primera vez el concepto de ‘Ecocidio’ en la Conferencia de Naciones Unidas Sobre el Medio Ambiente.
Lo cierto es que para que sea ecocidio como tal, debe ser un daño a gran escala, y hasta el momento se están realizando estudios al respecto. La fundación holandesa ‘Stop Ecocide’ explica cuál es el proceso para convertir el ecocidio en un crimen internacional:
“Un Jefe de Estado (o más de uno) debe proponer una enmienda de ecocidio al Estatuto de Roma, el documento rector de la Corte Penal Internacional. Esta enmienda, o modificación, debe presentarse al menos 3 meses antes de una reunión de los Estados Parte del Estatuto de Roma (generalmente es la Asamblea, que se celebra cada diciembre en La Haya, Países Bajos, y a veces en Nueva York). Una mayoría simple en esa reunión permite que la enmienda entre en consideración”.
Entre los casos terribles de ecocidios que se pueden citar y son, como ya se mencionó, datos a gran escala, como el hundimiento del Buque Prestige en las costas de Galicia, que provocó el derrame de 77 mil toneladas de petróleo que afectó hasta Francia y Potugal. Otro caso fue cuando el tsunami Tohoku dañó la central nuclear de Fukushima en 2011, generando contaminación radiactiva que hasta el día de hoy sigue afectando.