
En varios municipios de México y ciudades del mundo, el Viernes Santo es el día del viacrucis, de la Pasión y Muerte de Jesús. Pero en Purísima del Rincón, se vive de una forma particular y única: aquí no predomina el silencio ni el llanto, sino los gritos, la algarabía y el ruido incesante de las pisadas que persiguen a un hombre de negro, con una máscara que esboza una pícara sonrisa y agita una bolsa con monedas: se trata de la Judea.
A lo largo de 153 años, la Judea se celebra en Purísima del Rincón de manera constante. En este evento, el protagonista no es otro sino el traidor bíblico que vendió a su maestro, Jesús, por unas monedas de plata. Judíos y diablos enmascarados intentan darle caza, gritando, alzando palos y buscándolo por la calles del municipio, hasta que por fin lo llevan a la horca.
Todo empezó como una idea a finales del siglo XIX, de la mente de Hermenegildo Bustos, insigne pintor del pueblo. Hoy en día, el evento se ha consolidado y recibe una gran afluencia de todo el estado de Guanajuato y el país. Tan solo hasta el corte del medio día, el evento había recibido más de 16 mil personas.
Así se vive la Judea. Con pasión, entrega, fervor y al final, cuando todo concluye después de las 16:00, con una catarsis de aplausos, hurras y gritos de júbilo.
Todo comienza desde temprano. Mientras que en otros pueblos y ciudades el viacrucis apenas arranca, en Purísima, al mediodía, ya se ha dictado sentencia a Jesús. Todo ocurre en la Plaza Principal.
Es entonces cuando comienza lo intenso, la esencia misma del evento: por un lado, los niños comienzan a jugar con los chicotes. Por otro, los comerciantes ofrecen sus productos, que van desde máscaras o imanes de Purísima hasta hot-dogs o pambazos. Son alrededor de 200 de acuerdo con información del municipio.
Después es cuando comienza la persecución. Las personas enmascaradas como judíos y diablos se desplazan por la ciudad. Los tamborazos se escuchan por doquier. “Uhhhh, uhhhh…” gritan. La gente se toma selfies o bien hace videos en vivo. Hay emoción, el calor de la primavera, cada vez más inclemente, no impide que todo mundo disfrute la Judea. De momento la gente corre por las calles del Centro y luego camina a paso más tranquilo.
Entretanto, en la Plaza Principal, la horca espera. El cadalso es como un titán famélico. La cuerda y el nudo han estado allí desde temprano. Finalmente, es a las cuatro de la tarde que toda la gente se aglomera en el centro. Todos se abren camino para que llegue Judas, sonriente, vestido con su negra túnica que oculta intenciones y un alma del mismo color. Así, lo cuelgan. Todo mundo aplaude, todo mundo sabe que el momento ha llegado a su fin.
Así, se cumple lo señalado en el Evangelio Según Mateo 27:5:
Entonces, arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó. Y los principales sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: No es lícito echarlas en el tesoro, porque es precio de sangre.