La confianza ciudadana se ha visto trastocada por la falta de resultados, eficiencia y honestidad de nuestros cuerpos policiacos, y debido a la alta incidencia y aumento del crimen, esta pérdida de confianza se convirtió, sin lugar a dudas, en un tema de seguridad nacional.
Durante años se quiso tapar el sol con un dedo, a pesar del alto impacto de los delitos que fueron permeándose en nuestra sociedad como son: extorsión, pago de uso de suelo, secuestros, homicidios, robo con violencia los cuales se acrecentaron como una mancha negra, hasta que abarcaron todo el territorio nacional, cual neblina alcanzando hasta los más remotos rincones de nuestro México, borrando por doquier cualquier rayo de tranquilidad y paz pública.
Con toda seguridad usted ha leído a otros columnistas y ahora podría citar cifras y números, que solamente pasarían a ser parte de una estadística, que créanme, todos los días sigue incrementándose, por lo tanto, no me detendré en este punto, porque basta con la información que se da de mano en mano y de voz en voz, inclusive de la comisión de delitos que quedan en la cifra negra, es decir, en los delitos que no se denuncian. Así las cosas, el Estado recurre al último bastión que tiene, el cual son el Ejército y la Marina.
Es de todos conocidos, que a la fuerza castrense, en teoría se le tenía para tareas muy específicas, como sería en su caso el auxilio a la población en situaciones de desastres naturales, pero preponderantemente sus tácticas y estrategias están dirigidas a la seguridad exterior, es decir, el Ejército defenderá a la nación de ataques externos injustificados. La tesis de la defensa nacional es precisamente que el Ejército en comento, es el encargado de salvaguardar y custodiar nuestras fronteras de cualquier invasión por países extranjeros y si hablamos de los litorales y aguas, interviene la Marina.
Hasta aquí, todo aparenta ser muy claro, pero viene un rebase cuando hablamos de seguridad interior, aquí es donde nos damos cuenta que al haber sacado a las calles al Ejército, se hizo sin que contaran con un marco jurídico, que pudiera coexistir o conjugarse con el derecho civil que tienen los ciudadanos.
Esta situación nos conlleva a un problema complejo, los militares también han tenido su historia en este sentido, porque nadie olvida el movimiento del 68 o bien, en 1971, palabras como los halcones y Tlatelolco que son heridas que dejaron marcada a la juventud de esa época y que aún no terminan de sanar.
El marco legal, que parece que se está cocinando en el gobierno del Presidente Peña Nieto, es la Ley de Seguridad Interior. Dicha Ley desde mí punto de vista tiene dos aristas principales, legitimar la intervención de las comunicaciones, la cual desde mi perspectiva, ya se encuentra regulada a través del Código Nacional de Procedimientos Penales y otras leyes, y la segunda, la instalación de retenes del Ejército y con esto evitar cualquier agresión, a través de las armas. Con toda seguridad habrá otros puntos que tengan que ver con legitimar cualquier acción castrense que suceda en una zona o área de investigación, por tanto, aquí se vuelve más escabroso el asunto, porque no debe de pasar por alto que el Ejército opera regularmente en los regímenes dictatoriales o totalitarios. Aquí surge una línea muy delgada entre éste y lo que representa la estabilidad democrática de un país, podría pasar a la historia el Presidente Peña Nieto, como quien militarizó al país más allá del ex Presidente Calderón, porque en un momento dado, el riesgo más candente, es que si no hay signos de gobernabilidad, puede existir la expectativa latente de que bien pudiera darse un golpe de Estado técnico.
En esta tesitura, el gobierno estaría dirigido por civiles, pero gobernado por militares, por eso, se ocupa de fortalecer el poder civil, revisar a profundidad qué paso con el mando único, que los gobiernos estatales, realicen la tarea de dar tranquilidad y paz en sus Estados, porque finalmente es el Gobernador, de acuerdo a la Constitución del Estado Libre y Soberano de Guanajuato, quien en su articulado se constriñe en lo que importa que dentro de las atribuciones del Gobernador del Estado, están las de velar por la conservación del orden, de la tranquilidad y de la seguridad del Estado.
Por otro lado, también creo que es digno de reconocer que el Presidente Peña Nieto no cayó en la provocación del Presidente de los Estados Unidos Donald Trump, quien en un tweet, de no más de 130 caracteres, amenazó con enviar a su ejército para combatir el crimen organizado, porque finalmente, como lo comenté al inicio, la Soberanía Nacional debe de estar por encima de todo, y nos toca a los mexicanos resolver nuestros conflictos internos, por lo que, para empezar, lo que se debe cuidar primero, es el tráfico de armas, para que nuestros policías de nuestros municipios puedan enfrentar al crimen en igualdad de circunstancias.
Sociedad y gobierno deben de trabajar unidos, pero para ello, se ocupa recuperar la confianza de nuestras instituciones que hoy por hoy, se encuentran debilitadas.
galvantorres33@hotmail.com
