La señora Margarita Hernández Sánchez es el ejemplo de una guanajuatense que ha aprendido a hacer de la necesidad una virtud. Tiene actualmente 63 años, toda una vida dedicada al ganado y al campo, y cuando la gente ya no quiso comprarle leche y creyó que tendría que vender a sus vacas, aprendió todo lo necesario para convertirse en microempresaria.
Esta es su historia, la de “Lácteos Nila”.
Hernández Sánchez no tiene estudios formales de ganadería. Aprendió a cuidar a sus vacas de forma autodidacta, gracias a lo que le enseñaron sus familiares, con el conocimiento pasado de generación en generación. Para ella y su familia la vida transcurría de forma normal, pero llegó el momento en que la gente ya no quiso comprar su leche, por lo que se vio obligada a vender a sus vacas.
GANADEROS
Para su fortuna, contactó al modelo de los Grupos Ganaderos De Validación Y Transferencia De Tecnología (conocido como GGVATT), quienes le mostraron una segunda opción: la de transformar la leche en yogurt, cajeta, queso fresco, queso para quesadilla, etcétera. Con el paso del tiempo, el alcalde de León, Héctor López Santillana, se interesó en el tema.
Cuenta su historia:
“Nos dijeron lo que teníamos que hacer y comenzamos a mover nuestro producto. Cada primero de mes en la Calzada de los Héroes, y poco después fuimos a vender nuestro producto a Mercaditos México y en la Feria de León 2018 con la Marca Guanajuato. Nos han dado pláticas sobre cómo vender, cómo ofrecer nuestro producto, cómo aprender contabilidad, porque los numeritos son muy importantes y eso es algo que no sabíamos. Nosotros seguimos aprendiendo. Incluso fuimos a Toronto, en Canadá. Para nosotros fue otra mentalidad, porque conocimos el valor de los animales, porque no se trata sólo de tenerlos, sino que estos sean productivos”.
Aprendieron también a enfrentar las enfermedades de los animales, y a producir leche de calidad. Tiene ocho vacas y sus cifras de producción apenas son variables, pero es suficiente para satisfacer a gente de León y comunidades aledañas entre ella, su esposo, su yerno y sus hijas.
“¡Nuestra mentalidad cambió!”, exclama la señora Hernández. “No le tenemos miedo a la competencia, porque lo que nosotros ofrecemos es queso artesanal, sin conservadores ni químicos”.
UN DÍA EN SU VIDA
Cual personaje de un relato de Juan Rulfo, la familia de Margarita se levanta a las 6:00 de la mañana. Ordeñan, llevan la leche a pasteurizarla, y posteriormente hacen el queso. El fresco es más fácil de hacer que el de quesadilla. A este se le tiene que amasar hasta que esté listo. Para preparar el yogurt, se mezcla la fruta hasta que esté listo.
“Todo lo aprendí primero por mi cuenta. Ahora me estoy preparando más. Lo que quiero es exportar los quesos, y que estén en los aparadores de los grandes almacenes”, anhela esta admirable mujer.
