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Fue la calzada zona dorada de León

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Desde el siglo antepasado hasta finales del XX, la Calzada de los Héroes era un lugar de puro abolengo, clase y estilo. En sus alrededores se encontraban las mejores casas, las mejores zonas para vivir y residencias. Como todo, el inexorable paso del tiempo ha hecho que hoy en día persisten los locales comerciales.

Por suerte, también permanecen los recuerdos y la memoria histórica. Entre los documentos bibliográficos, los recuerdos y el testimonio oral, muchos leoneses todavía evocan cuando la calzada fue una zona de inmensas casonas.

Una de las casas más antiguas y emblemáticas de la zona fue la llamada Quinta Elvira, mandada construir por el general don Manuel Orellana Nogueras. Era una amplia y elegante morada que en las últimas décadas del siglo XX pasó a ser sede de la oficina de comunicaciones del Gobierno Federal.

Dos de las muchas casonas que prevalecieron en el pasado siglo fueron la casa de los Montes de Oca y la casa de los obispos. De las dos, ya sólo queda la memoria.

Entre León y el Coecillo fue un lugar muy hermoso, por lo que la gente de dinero quiso construir allí. Desde finales del siglo XIX había quintas y algunas llegaban hasta el templo de Belén, propiedad de la familia Portillo. No eran haciendas, pero sí inmensas propiedades con caballerizas, huertas, etcétera. Vivir allí era como alejarse del ritmo de la ciudad, que para la gente de antaño era frenético.

RECUERDOS

El hecho de que las casonas se encontraran en los límites de lo que era León respondía a una razón: estaba alejado de la mancha urbana en ese entonces creciente, y al hallarse a la entrada de la ciudad, reflejaba la imagen de opulencia. La casona fue escenario de todo tipo de leyendas, incluso el mito de que había túneles debajo, datos que fueron negados por Navarro Valtierra.

El texto evocativo “Así era León” del ahora finado cronista de la ciudad, Carlos Arturo Navarro, recuerda:

“Era tradicional ir también a la calzada, para alquilar bicicletas o pasear con la novia bajo los naranjos y con las estaciones del año, personificadas en estatuas como mudos testigos. El puente de la calzada fue el límite urbano hacía el oriente por muchos años; hasta ahí llegaba el caserío y con fincas tan modernas que contrastaban sólo con la Quinta Elvira de antigua construcción y de la que se afirmaba poseía un túnel que llegaba hasta la Catedral, en el que se decía haberse hallado algún esqueleto de persona fallecida durante la persecución cristera. Al salir del puente de la calzada comenzaban los campos cultivados, atravesados por la carretera a Silao y hacia su lado derecho se veían los carrizales detrás del Instituto Lux y adelante el campo agrícola experimental”.

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