Inicio Local León Fieles a su afición aún en la derrota

Fieles a su afición aún en la derrota

0

Fue un partido repleto de lealtad y pasión hacia la Fiera, pero sobre todo, de inmensa tensión. Después de dos horas que parecieron interminables, el juego terminó con un redondo 0-0, con la victoria para Tigres.

Muchos seguidores soñaban con una octava estrella para el escudo del León, pero no fue así. Pese a todo, la afición fue completamente leal a su equipo.

Así se vivió la final del León contra Tigres.

A lo largo de todo el día, la gente rondaba el estadio Nou Camp. Conforme más se acercaba la hora del partido, más aumentaba la afluencia panzaverde. Alrededor de las 6:00 de la tarde, las calles del López Mateos, en la zona frente al estadio, se cerraron temporalmente. Alguien arrojó una bomba de humo verde, provocando tos por parte de los aficionados. Durante unos segundos el mundo se tiñó del color del equipo. La policía montada cabalgaba entre banderas y leoncitos de peluche, y las patrullas comenzaban a llegar, preparándose para el posible fracaso o triunfo del equipo.

La gente subía a las gradas amontonándose, quejándose primero pero luego portándose de manera estoica, cantando “Caminos de Guanajuato”. Poco a poco la afición iba llegando, entre quienes se encontraba el gobernador del Estado, Diego Sinhué.

Todo estaba listo: las cornetas, las banderas, las porras, las barras. En un lado del Nou Camp, el Tigres, quienes eran una minoría comparados con la inmensa y predominante afición leonesa.

No faltaban ni los revendedores ni los boletos falsos. Había de todo, incluso quienes se intentaron brincar la barda, siendo detenidos por la policía municipal.

En los alrededores del estadio, la gente veía el partido en restaurantes y bares. No apartaban sus miradas de las pantallas. Tenían esperanza, esa esperanza que muere al último y que no resucitaría sino hasta la siguiente temporada.

Entonces empezó el partido. La porra no paró ni un segundo. Sus tamborazos duraron las dos interminables horas. La inmensa bandera del León descendió con gallardía, mientras el Tigres se preparaba para, al igual que el León, dar lo mejor de sí.

Con la ola, el característico “Oe, oe, oe”, “Que lo vengan a ver, que lo vengan a ver…” y otras frases y cantos habituales en los partidos, el balón fue de un lado a otro sin tocar una portería, terminando así en un terrible 0-0.

La afición panzaverde salió a las calles con los rostros largos, comentando el partido, sin las acostumbradas sonrisas de la victoria. Caminaron por el López Mateos, mientras se dispersaban.

Fue un partido en el que la afición gritó, sufrió, palideció… y finalmente, se resignó.

Salir de la versión móvil