Una de las enfermedades menos conocidas en el estado de Guanajuato es la fibrosis quística. Con el fin de ayudar a quienes la padecen, Evelyn Montserrat Hernández Miranda de León fundó la asociación civil “Fiquis Bajío”. Este esfuerzo la hizo merecedora del premio “Kybernus” en categoría estatal.
La fibrosis quística es una enfermedad genética, degenerativa y mortal que hasta el momento no tiene cura. Afecta principalmente el aparato respiratorio y el aparato digestivo, y lo que hace es que el moco llega a ser muy espeso, y va tapando los conductos de los órganos vitales. Los pulmones los órganos que más se afectan, por lo que los niños con esta enfermedad llegan a morir debido a la disminución pulmonar.
“No creemos que haya pocas personas con esta enfermedad, más bien, lo que sucede es que el diagnóstico no se da, debido a lo complicado que es, pues llega a confundirse con asma, con desnutrición o mala absorción y varias otras patologías que hacen muy difícil su diagnóstico. Por eso, con el tamizaje será más fácil detectarlo, lo que es muy importante, porque el diagnóstico tardío es lo que hace que el niño se afecte”, dice Evelyn.
En su fundación se atiende a 31 pacientes, y saben que en el estado de Guanajuato hay más de 45. Aunque el problema sí se atiende en el seguro social, el problema es que no se atiende a tiempo, y el costo del tratamiento cuesta 55 mil pesos mensuales.
Las dos hijas de Evelyn padecen esta enfermedad, debido a que es una enfermedad genética. Ella misma define la enfermedad como “un volado” pues al ser una enfermedad genética, aumenta el 25% de probabilidad. Una de sus hijas tiene 4 años, y la otra, 8. Evelyn es abogada, pero pasa la mayor parte de su tiempo en su fundación.
En “Fiquis” se espera replicar lo que se hace en países desarrollados: haciendo clínicas en fibrosis quística, por eso su objetivo es que surja una clínica de esta índole.
Con el Premio Kybernus, de parte de Grupo Salinas, Evelyn ganó un cheque de diez mil pesos y después concursará a nivel nacional con el fin de ayudar a prevenir esta enfermedad.
“Dios me mandó dos hijas, y es por ellas que estoy aquí”, concluye.
