Han transcurrido 493 años desde la aparición de la figura de la Virgen de Guadalupe en el cerro del Tepeyac y desde entonces, el fervor y la devoción por la imagen religiosa no tiene comparación alguna y no paran de crecer en el gusto de los mexicanos.
La fe, el amor y el cariño por la Virgen de Guadalupe queda clara y evidente, cada 12 de diciembre, cuando el pueblo de Guanajuato, el Estado y el país acude para miles a visitar los templos donde se le venera.
La gente sale temprano de sus casas y a lo largo del día, las familias encaminan sus pasos hasta los centros de culto, donde se le rinde tributo y reconocimiento, a la figura que también se le conoce como ‘la madre de los mexicanos’.
Desde días antes, los integrantes de las familias escogen la vestimenta que van a usar para ir a ver a la virgen, así como las ofrendas que presentarán y participan de una tradición que está por llegar a medio milenio de existencia, en pleno siglo XXI, con una fortaleza cada vez mayor.
En esta ciudad, el templo del Santuario de Guadalupe, que se ubica en el barrio de la Calzada del mismo nombre, es el lugar que recibe a los miles de familias que llegan de todos rumbos de la ciudad, con una evidente fe y devoción que se nota en semblante de cada uno de ellos.
Para llegar hasta el altar principal, en honor a la Morenita del Tepeyac, la gente camina sobre la pesada subida que inicia en la calle Lascurain de Retana y termina a un costado del templo y se internan en él; unos rezan, otros agradecen y algunos más hacen peticiones.
Las oraciones, rezos y jaculatorias se escuchan, mientras la gente entra y sale para cumplir con una tradición, que es una devoción en torno a una figura religiosa, que tiene la característica de unir a todo un pueblo.
El ir y venir de miles de personas, que según la SSC fueron más de 20 mil, no cesó a lo largo del día y también cientos de policías vigilan que todo transcurra con normalidad.
Mientras la fe y la devoción son más que visibles al interior del templo, afuera la fiesta es otra parte importante para las personas, con la música, la danza de los concheros y el ambiente familiar.
A lo largo de la empinada calle que da forma a la Calzada de Guadalupe se instalaron cientos de comerciantes que ofrecieron todo tipo de alimentos, productos, artesanías, artículos y mercancías que la gente adquirió.
Mientras el día avanzó, cada vez fue mayor la cantidad de gente que llegó y cumplió con la visita la Guadalupana, a la que agradecieron por la familia, el trabajo, la salud, el hogar, entre otros.
En las primeras horas de la tarde, la cantidad de gente comenzó a disminuir y poco a poco, el lugar empezó a quedarse sin personas, quienes cumplieron y demostraron que la devoción, el agradecimiento y culto a la virgen de Guadalupe, no tiene comparación en todo el país.
