“¡Mataron a mis papás!”, fueron las primeras palabras de uno de los pequeños agredidos a balazos la madrugada del lunes, en la comunidad de Colonias Nuevo México, luego de ser auxiliado por su abuelo.
Ese día, sujetos armados ingresaron a la vivienda ubicada en la calle Adolfo López Mateos, justo a unos metros del Aeropuerto Internacional de Guanajuato, y dispararon en contra de tres pequeños, de sus padres y de su tío paterno.
SIN RENCOR
Don Salvador Rodríguez López, papá de los hermanos fallecidos, compartió: “Es triste esto que me pasa y pues, no le deseo mal a nadie. Yo no sé por qué me lo hicieron (asesinar a su familia); mi hijo (Salvador) no tomaba (alcohol), mataron a su esposa y le dieron (dispararon) a los niños. Solamente Dios sabe y yo no le guardo rencor a nadie”.
Fue él quien sacó a los pequeños de la habitación. “Yo creía que nada más era mi hijo el que estaba herido en el cuarto, pero cuando entramos lo encontré muerto junto con mi nuera…los ‘balacearon’ en la cama” mientras dormían.
El mayor de los hermanitos le gritaba: “¡Güelito, güelito!, mira, mataron a mi papá y a mi mamá y yo tengo un balazo también”, y le mostraba su pie; la bebé tenía sangre en el pecho, creía que también era un balazo. Don Salvador fue quien los llevó a un hospital a bordo de una camioneta.
Salvador Rodríguez Negrete se dedicaba a la construcción y trabajó como gerente de una empresa. El 7 de julio de 2012 se casó con Rafaela Balandrán Maciel, también asesinada; una foto de su boda fue colocada entre los féretros en recuerdo del amor que se guardaban.
Gustavo Rodríguez Negrete (hermano de Salvador), de 35 años de edad, resultó herido; es policía activo del municipio de San Francisco del Rincón y actualmente está bajo resguardo de sus compañeros. La familia ha recibido apoyo de la corporación estatal y de Silao.
IMPOTENCIA
Don “Chava” escuchó cómo vaciaban cartuchos pero no pudo salir de su habitación. “Sabía que era aquí adentro porque se oyeron las ráfagas”, Gustavo intentó repeler la agresión “pero él estaba solo y aquellos eran varios”, cuenta.
Los casquillos percutidos quedaron tirados en el suelo y las balas incrustadas en puertas, ventanas y paredes. La respuesta de la corporación local de seguridad fue “pésima”, lamenta: “Les hablamos y les hablamos y nunca llegaban…y hasta a unos policías de Silao los ofendí por negarse a llevar a Gustavo en una patrulla al hospital, quien pedía una cobija, pues comenzaba a sentir frío por la pérdida de sangre”.
Aunque no cuenten con los recursos necesarios para cubrir los gastos del sepelio, deben hacerlo. Los cuerpos serán sepultados la tarde de este martes.
Ese día, padre e hijo trabajaron en el colado de un arco para una vivienda. “Acabamos a las 8 de la noche, cenamos, se fue a bañar -“Ya me voy a dormir”… a las 2, 3 horas ya estaba muerto”. Don Salvador dijo desconocer los motivos de la agresión.
Da su perdón a los agresores: “Hicieron cosas que no debieron hacer y yo sí los perdono, porque estoy seguro de que fueron mandados…no sé, se equivocaron o por qué me mataron a mi hijo si no tenía ningún percance con nadie. Dios que los perdone y que ojalá que nunca les pase lo mismo en sus familias, porque es triste”.
