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Excelente la gala de ópera en Teatro del Bicentenario

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Reconocido a nivel internacional y orgullo mexicano, el tenor Ramón Vargas festejó 35 años de trayectoria artística con los leoneses el sábado por la noche, en el Teatro del Bicentenario Roberto Plasencia Saldaña, con una gala de ópera como pocas.

Como parte del programa «Disfrutemos la ópera», el concierto interpretado por Ramón Vargas, tuvo el excelente acompañamiento de la soprano Leticia de Altamirano y la Camareta de Coahuila, que contó con la dirección de Ramón Shade.

Interpretando distintas arias de obras operísticas que ha protagonizado a lo largo de su trayectoria, Vargas dio más que un recital, entregó todo su talento a un público que hizo suya cada una de las piezas de la extraordinaria noche musical.

Con la obertura de la ópera de Wolfgang Amadeus Mozart, inició la gala. La ejecución de la Camareta de Coahuila sonó impecable y dejando el ambiente listo para lo que estaba por suceder. Leticia de Altamirano interpretó «Non mi dir’ idol mio…» su movimiento corporal y expresión facial le daban un toque especial a su actuación musical.

Cuando Ramón Vargas apareció ante el público, el aplauso de la gente no se hizo esperar, la sencillez del tenor mexicano que en 1992 sustituyó a Luciano Pavarotti en Lucia di Lammermmor, conectó con el público fascinado por experimentar el canto de uno de los cantantes de ópera más prestigiados a nivel internacional.

El tenor juntó sus manos y las llevó a susrostro, dio unos pasos mientras la Camareta de Coahuila daba inicio a “Il mio tesoro intanto…” de la ópera Don Giovanni de Mozart, la técnica vocal de Vargas demuestra una disciplina increíble, la melodía que interpretaba se incrustaba en la apreciación sonora de los escuchas, al ínterprete se le notaba entregado y disfrutando cada nota de la pieza. Al término, el aplauso no se hizo esperar.

“Ah! Del padre in periglio…”, también de Don Giovanni, conjugó el trabajo vocal de Vargas como “Don Octavio” y Leticia de Altamirano, “Doña Ana”, ambos le dieron una interpretación especial a dicha aria, ella pidiendo venganza por el asesinato de su padre, y él, buscando reconfortarla en su dolor, jura vengarlo y estar para ella siempre que los necesitara.

Gaetano Donizetti y Giuseppe Verdi, sonaron con talento mexicano.

Al término del fragmento de Don Giovanni, un breve intermedio antecedió al inicio de algunos momentos de distintas óperas de Gaetano Donizetti (1797-1848) y Giuseppe Verdi (1813-1901).

La obertura de la ópera bufa La Fille du régiment de Donizetti, permitió de nuevo a la Camareta de Coahuila mostrar su gran calidad interpretativa, aquello dio paso a “Ed ancor la tremenda porta…” de Roberto Devereux, en voz de Ramón Vargas, y en seguida “Quel guardo, il cavaliere…” de Don Pasquele, le dio la oportunidad a Leticia de Altamirano de hacer una actuación musical en la que se muestra la gracia de una mujer que consigue lo que la haga feliz.

Sin duda una de las arias que provocaron una singular reacción del público por la actuación de Vargas, fue “Caro elisir! Sei mio!”, de la ópera bufa L´elisir d´amore, momento en el que el tenor, en su papel de Nemorino, toma un brebaje y canta alegremente ante una Adina que nota un cambio de humor en él; su baile y frases hicieron a los escuchas reír por tan buena interpretación.

Agradecimiento total para Ramón Vargas, orgullo mexicano.

El repertorio culminaba con un fragmento de la ópera “Attila” de Giuseppe Verdi (1813-1901), que muestra la fortaleza y patriotismo de sus personajes, por supuesto, la voz de Vargas transmitió aquello.

El agradecimiento de la gente surgió con el aplauso de todos los presentes, Ramón Vargas y Leticia de Altamirano respondían con un par de piezas más; al término, él preguntó si ya estaban cansados, el público por su puesto contestó que no. Lo que estaba por sonar haría emotiva la noche.

Cuando los acordes de “Bésame mucho” de Consuelo Velázquez sonaron, se auguraba un cierre entrañable, el tenor y la soprano mexicanos, daban una exquisita interpretación de un tema especial, ambos, con su voz, transmitían una alegría sin comparación, el baile de ambos le dio un extra a su actuación, y de nuevo la ovación no pudo esperar y el concierto culminó en una entrega de Ramón Vargas, agradeciendo al público por 35 años de trayectoria.

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