
Lo que comenzó como un proyecto escolar terminó convirtiéndose en Visión 605, una exposición fotográfica creada por estudiantes de la universidad EPCA. Entre ideas que no siempre coincidían, nervios y momentos en los que todo parecía desmoronarse, el grupo consiguió levantar una muestra que terminó superando sus propias expectativas.
Azul Sánchez Robles, Melanie Aguilar y Diego Álvarez parte del equipo organizador y responsables de logística, recuerdan que el aviso de la exposición llegó con cuatro meses de anticipación, aunque el trabajo “real” apenas ocupó dos.
Con 35 voces opinando, propuestas que iban en direcciones opuestas y un aula como punto de partida, decidieron no encasillarse en un solo tema. Así nació Visión 605, nombre inspirado en el salón que comparten y en la idea de mostrar múltiples perspectivas sin limitar a nadie.
Pero llegar hasta la inauguración no fue sencillo. La exposición incluso estuvo a punto de cancelarse por problemas logísticos. “Nuestro maestro fue clave”, cuenta Azul. Gracias a su guía, y al trabajo conjunto de los equipos de RP y logística, lograron rescatar el proyecto. El día de la apertura, el recinto se llenó por completo. “Superaron las expectativas”, recuerdan.
Aunque la mayoría del grupo no se dedica formalmente a la fotografía, todos entraron al reto con entusiasmo. Lo describen como un proyecto inesperado, casi repentino, pero profundamente significativo.
“Nunca habría imaginado tener una exposición propia”, dice Melanie. “Fue algo muy bonito que surgió de un momento a otro”.
Azul cuenta que su concepto nació de manera espontánea, sin mayor planeación. Melanie, en cambio, creó su obra en medio de un bloqueo creativo. Su fotografía, titulada Metamorfosis de una mente explícita, se convirtió en una forma de procesar recuerdos, sorpresas y experiencias del año. “Me siento liberada”, confiesa. “Muy feliz de compartirlo”.
Diego, por su parte, se inspiró en un curso que tomó con la creadora conocida como This Girl. Su concepto buscó explorar lo oscuro y lo elegante: “Algo vampiresco, efímero… una pesadilla que no da miedo, pero sí es tétrica”, describe. Su proyecto fue un trabajo colectivo, con un equipo al que agradece profundamente.
Un cierre lleno de agradecimientos
Más allá de las fotografías, los estudiantes coinciden en que Visión 605 sólo fue posible gracias a muchas manos: la persona encargada de la barra de bebidas, Gerardo y, sobre todo, el profesor Juan Carlos Verdejo, apoyo fundamental desde el primer día.
También agradecen al coordinador académico y a sus propios compañeros. “Teníamos nuestras diferencias”, admite Diego, “pero las supimos manejar. Como una familia: cada quien con su punto de vista, pero al final logramos el resultado que queríamos”.
Visión 605 no es solo una exposición. Es el testimonio de un grupo que, entre caos, estrés y creatividad, descubrió que también puede contar historias a través de la luz, la sombra y su propio enfoque. Y que cuando se trabaja en conjunto, incluso lo que parecía imposible termina colgado en una galería.