A mediados de la década de los 60’s del siglo XX, mi papá se inició en el arte de la colombofilia. Un médico amigo, el Dr. Efraín Aranda, es quien lo invita y le regala varias parejas de palomas de su criadero. Excelentes palomas de ascendencia belga, las mejores del mundo, según se decía. También lo introdujo en un insipiente club colombófilo, del que después fue presidente. Ahí había varios otros palomeros, quienes amablemente, también le dieron algunos pies de crías. En realidad, con unas pocas parejas puedes llenar un palomar rápidamente. Su ciclo de reproducción es muy corto.
Así que, para poder recibir las palomas, tuvimos que construir un palomar. Justo afuera de nuestro cuarto. Quiso mi papá aprovechar para recargar las vigas de madera en el techo de la casa, y eso provocó que el techo del palomar quedara muy alto, pues el jardín estaba un poco por abajo del nivel de la casa, digamos dos escaloncitos. Esto no es buena práctica, porque atrapar a las palomas se vuelve muy difícil. El piso de pasto también complica mucho la limpieza y el olor a paloma invadió la casa. Mi mamá de plano se puso de pestañas.
Así pues, de inmediato construimos el palomar en la azotea. Ya con información más apropiada y precisa. Tenía tres habitáculos de baja altura, unos dos metros, el primero para los machos, el central para las hembras y el del fondo para las parejas, pues sólo algunas pocas parejas criaban.
Para principio de 1968, el Comité Olímpico Mexicano había decidido que la Paloma de la Paz sería uno de sus símbolos y que se soltarían en gran cantidad, 10,000 palomas, en el recién remodelado Estadio Olímpico de Ciudad Universitaria. Invitaron a todos los clubes colombófilos a participar y realizar un torneo. Aunque la mayoría de las palomas serían compradas o donadas y de variedades diversas, casi todas eran palomas corrientes de rancho.
En el Club Colombófilo Leonés, decidieron NO participar, como muchos de los clubes más alejados de la Ciudad de México. La logística para enviarlas al DF era complicada y cara, seguro nadie las atendería adecuadamente previo a la inauguración, lo más probable era que se perdieran en aquel mundo de palomas. La ruta natural de entrenamiento en León era hacia el norte, una altiplanicie sin grandes montañas, vientos relativamente moderados, carreteras más o menos en buen estado y las distancias apropiadas para el “fondo”, hasta Delicias, Chihuahua, 1,000 km. Y hacia el sur estaba el inconveniente de la Cd. de México, la recientemente inaugurada carretera de cuota México – Querétaro, y demasiado montañoso casi hacia cualquier dirección más allá del DF, Puebla o Cuernavaca. Así pues, entrenar a las palomas hacia el sur no era un buen plan.
Sin embargo, mi papá decidió que enviaría un pequeño contingente. Las empezamos a entrenar hacia el sur. Las llevamos a Silao primero. Llegaron a la casa antes que nosotros. Luego a Irapuato, Celaya y dos veces a la caseta de Querétaro. Luego las llevaríamos hasta San Juan del Río, pero no recuerdo que pasó y ya no pudimos ir. O sea que lo más cerca del DF que llegaron fue Querétaro, aproximadamente medio camino, escasos 180 Km.
Así pues, habló mi papá con el presidente de la asociación colombófila nacional y éste le ofreció que le enviara las palomas un par de días antes, él las recogería y las tendría en su palomar para que estuvieran bien comidas e hidratadas. Un día por la noche fuimos a una compañía de transporte de carga para enviarlas. No las pudieron documentar. Al parecer los animales vivos requerían otro tipo de transporte y permiso. Pero… dijo el dueño o gerente de la empresa, después de escuchar el motivo del envío, si el chofer se las quiere llevar, yo no tengo inconveniente. La bronca era entregárselas al palomero chilango, pues no se podían quedar así nomás en el almacén de la Ciudad de México.
Las Olimpiadas era un acontecimiento enorme, súper importante, algo único y todo mundo estábamos emocionados, y el trailero simplemente se sintió parte de la inauguración de aquel magno evento. Se comprometió a esperar al presidente de los palomeros hasta cierta hora. Y no quiso cobrar nada. Con trabajos aceptó que mi papá le invitara la cena.
Así fue como las palomas llegaron a salvo a la Ciudad de México. Los palomeros DeFeños sí iban a mandar una buena cantidad de palomas y tenían asegurado un buen lugar en el estadio, para las palomas claro.
La inauguración fue el 12 de octubre de 1968, si no mal recuerdo, a las 12:00 y se suponía que a las 13:00 soltarían las palomas. Ese era otro motivo para que los palomeros de León decidieran no participar. Si se retrasaba, como era factible y soltaban a las 14:00 o más tarde, era muy probable que les anocheciera en el camino. Y eso es lo peor para las viajeras. La tasa de pérdida de las palomas que no llegan el mismo día es muy alta. Dado que difícilmente se pueden hidratar bien, amanecen sedientas y hambrientas y el riesgo de calambres y de ser atacadas, atrapadas o quedar simplemente desorientadas es muy alto.
Sin embargo, la inauguración salió muy bien y todo a tiempo. Lo vimos por la televisión a color de los Pons–González, empezaba oficialmente la transmisión de la televisión a color en México justo con la inauguración de las olimpiadas. De ahí nos fuimos a comer a una granja en el Camino a Santa Ana del Conde. Y a las 4:30 mi papá anuncia que se regresa a la casa a esperar sus palomas. Le echan harta carrilla, “por supuesto no van a llegar”… y convencen a mi mamá de que se quede. Y a nosotros nos presionan también los chavos, íbamos a jugar una cascarita o algo así. Y medio dudábamos, pero mi mamá intervino y dijo: “ya habían quedado de regresarse a acompañar a su papá a esperar a las palomas, así que no se rajen”. Y nos regresamos.
En la casa, los techos de nuestros baños eran inclinados pues tenían unas ventilaciones viendo al sur-este, justo por donde deberían de llegar las palomas y nos echamos de panza ahí. Debimos haber llegado alrededor de las 17:00. Y estuvimos viendo el cielo 45 minutos, de pronto vemos venir a dos palomas volando súper rápido, como vuelan las palomas en ruta, no había duda, eran nuestras palomas, pasaron por encima de la casa y dieron una vuelta bastante amplia, la Perla cayó en el techo del palomar y de inmediato bajó y entró por la trampa (así se llama el mecanismo que permite que las palomas entren al palomar y ya no puedan salir). El Capitán Garfio se paró en el tinaco del pozo de la familia de Pitín. Y caminó un poco ahí, pero en dos minutos estaba ya también adentro.
Entró entonces mi papá y les quitó las ligas. En los torneos de esa época, les ponían a las palomas una liga plana en la pata con un número impreso que el palomero desconocía y si tenía reloj, nadie en León tenía reloj, se metía en una capsula, se giraba y se marcaba el reloj quedando la hora registrada y la liga sellada. Se siguió el procedimiento que se hacía de rutina en León y en casi todo el país en los torneos. Se llamó por teléfono a México por Larga Distancia. O sea, marcando al 02 y pidiéndole a la operadora que conectara con tal número. Mi papá rebosaba de orgullo, habían cronometrado 4 horas y 50 minutos desde el Estadio Olímpico hasta Pampas 113.
Si no mal recuerdo, consideraron una distancia de 360 Km en línea recta. Promediando una velocidad de 75 Km/hr. Claro que no vuelan en estricta línea recta, pues aprovechan corrientes de aire y esquivan cerros y serranías. Mi papá estimaba cuando menos un 20% más, así que debieron ser 432 Km y la velocidad por arriba de los 90 Km/hr.
De las 13 palomas sólo llegaron esas dos el mismo día, al siguiente llegó La Canela y, guau no recuerdo el nombre de la otra (¿sería El Capulín? si apenas hace 50 años de eso), qué mal. En fin, nos paramos al día siguiente a las 7:00 a esperarlas, pero oh! sorpresa, ya estaban ahí. 4 palomas de 13 fue excelente dadas las circunstancias.
No sé de quién fue la idea, pero los periódicos locales, particularmente El Heraldo de León, fueron a la casa, hicieron un reportaje en grande, nos sacaron fotos a Fernando, mi hermano, y a mí con las palomas. Y con los Diplomas Olímpicos que declaran 1er y 2do lugar. Habían prometido Medallas, pero hubo que conformarse con los diplomas, que se enmarcaron y por muchos años se tuvieron en la sala de TV de nuestra casa en la calle Pampas. ¡Toda una aventura!
Paralelo a este magno evento, el movimiento estudiantil había sido brutalmente reprimido hacía 10 días, la información era contradictoria y manipulada, y a mis 10 años de edad, no caía en la cuenta que ese año se iniciaba una nueva etapa en la historia contemporánea de nuestro país y del mundo. Sin embargo, mi generación creció con las terribles imágenes de Tlatelolco que el gobierno siempre quiso sofocar con la paloma de la paz, símbolo de las olimpiadas. Y muchos, fuimos tomando conciencia de que se tenía que ir evolucionando hacia un modelo de país más libre, más justo, más democrático, que efectivamente enarbolara los ideales olímpicos representados por la paloma de la paz, la competencia leal y el juego limpio, el esfuerzo individual y del equipo, respeto a los competidores, a los jueces, a las reglas.
Pero en contraste los movimientos libertarios como la Primavera de Praga sofocados por los tanques rusos, las protestas contra la guerra de Vietnam, la lucha por los derechos civiles con Martin Luther King a la cabeza, las protestas estudiantiles en París y otras ciudades, entre ellas México, nos enseñaron que reivindicar los derechos era ya una necesidad impostergable. Y muchos seguimos empeñados en ese esfuerzo.
12 de octubre de 1968, fue un día de muy gratos recuerdos, pero el 2 de octubre ¡NO SE OLVIDA!
