
Olivia Lara ha residido en el Coecillo toda su vida, y actualmente tiene 70 años. Desde pequeña se acercó a los tejedores de palmas y de manera autodidacta y empírica comenzó a imitar su oficio, para después crear sus propios productos y venderlos durante el Domingo de Ramos.
El Coecillo era en aquel entonces un barrio de pujante economía, y cuando llegaban los llamados “Días de Guardar” era habitual que las calles se quedaran solas, sobre todo el jueves y el viernes. De igual forma, el domingo se llenaba de gente y era cuando mejor le iba en cuestión de ventas. Cientos de puestos en todo León ofrecían las palmas para agitarlas ese mismo día. Actualmente, las cosas han cambiado.
“Usamos cayal para que queden bien resistentes las palmas” dice Olivia. “Las compramos en el centro. Antes era normal, pero con esto de la pandemia todo nos sale carísimo. Aun así para nosotros vender en estos días ya es toda una tradición. Ya con los años que tengo, tejo con mucha mayor rapidez. No solo las palmas grandes sino también las más pequeñas, que les vamos dando forma de Cristo”.
Posteriormente, Olivia vende a 20 pesos cada una de las palmas. Así es como queda una de las piezas más fundamentales de Semana Santa.
ALTARES
Desde el viernes, los barrios más antiguos y tradicionales de la ciudad se llenaron de los típicos altares del Viernes de Dolores. Los tonos morados, las flores y las imágenes de la virgen fueron vistos desde casas a estacionamientos. Uno de tantos es en el que trabaja Sergio Gutiérrez, encargado de un estacionamiento muy cerca del jardín San Francisco.
Eso son tan solo dos ejemplos de las tradiciones que persisten en uno de los más antiguos barrios de la Capital del Calzado.