Esta semana hemos decidido descansar un poco las críticas hacia las corporaciones de Seguridad Pública y Procuración de Justicia, las cuales todavía siguen dejando de qué hablar en torno a la percepción ciudadana de intranquilidad y caos social, y para muestra basta leer las notas periodísticas que diariamente nos enteran del obscuro panorama que se vive a lo largo y ancho de todo el Estado.

En esta ocasión nos ha inquietado de sobre manera, los movimientos de protesta que se han desatado en diversos puntos de nuestra República mexicana, entre los cuales destacan las marchas de grupos feministas que han decidido protestar en contra de la violencia hacia las mujeres.

Antes de continuar con la crítica que nos ocupa, quisiera destacar a mis queridos lectores, que el suscrito no pertenezco a ningún Partido Político, ya que afortunadamente en casa se me enseñó a ganarnos el pan honradamente, por lo tanto, la opinión del autor de estas líneas va encaminada a una crítica de carácter constructivo, y no a fortalecer o debilitar la imagen institucional de ciertos partidos políticos que, al igual que un grupo de perros peleándose por una chuleta, se enfrentan cruel y desgarradoramente para volver a roer el hueso que se les arrebató.

Para comenzar, consideramos loable el mérito de las femeninas a protestar por los altos niveles de violencia e inseguridad a la que son sometidas día con día, desde el acosador en el interior del autobús, hasta los maestros de la construcción que se lucen con sus ocurrentes piropos. A manera de soslayo, créannos que no son las únicas que sufren esa sensación de inseguridad, y si todos los afectados protestáramos, habría en las calles más personas que en una final de fut bol. Sin embargo, el problema no se resuelve con pintas y destrozos a sus congéneres, los cuales sólo son culpables de haberse atravesado en medio de una muchedumbre iracunda.

Recordemos que existe una amplia gama de instrumentos jurídicos que buscan erradicar la violencia contra las mujeres, y para muestra de ello basta citar la Convención interamericana para prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres, conocida entre los estudiosos de la materia como la Convención “Belem Do Pará”; así mismo tenemos la convención de Beijing, y en materia local, la Ley de Acceso a las mujeres a una vida libre de violencia, así como la Ley general de Igualdad entre mujeres y hombres, entre otros instrumentos destacables.

Me impresiona de sobre manera, que las protestas, los bloqueos, los rayones, las pintas, los destrozos, los incendios y otro tipo de atrocidades, jamás han tenido lugar en el Palacio Legislativo, ni en las Fiscalías Generales de Justicia, ni en el recinto del Ejecutivo, quienes, de manera directa, podrían ser los principales actores que puedan dar una respuesta eficaz al objetivo de las protestas. Me gustaría observar que aventaran diamantina a los jueces que integran los juzgados del Poder Judicial, a los Procuradores, Fiscales Generales, que pintaran de rosa los autos del estacionamiento del Congreso, rociaran con gasolina a los diputados, a los senadores, a los presidentes municipales, a los Secretarios de Seguridad Pública. Si ocasionan destrozos a la propiedad de sus propios conciudadanos, entonces creo que en realidad están dañando a la sociedad y no al Sistema del que tanto se quejan. Ahora bien, ante este paisaje tan discrepante, me surgen varias interrogantes:  ¿quién está detrás de todos estos movimientos?, ¿Por qué la autoridad correspondiente no hace detenciones por destrozos cometidos en flagrancia por estas personas? ¿quién las protege y bajo qué argumento? ¿porqué las protestas nunca se realizan de forma violenta y desastrosa en los edificios donde residen los altos funcionarios, representantes de los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial? Resulta muy coincidente que todas estas protestas salieran a las calles precisamente con la llegada del nuevo gobierno, mientras que nunca hubo movimientos tan fuertes ni escandalosos durante la terrible época de las muertas de Juárez, ni en aquella época en que no existían órdenes de protección, igualdad de género, figuras delictivas como el acoso, el hostigamiento sexual, y la más alarmante de todas, el feminicidio. Y resultará aún más llamativo, el que, si llegase a imperar nuevamente en el gobierno, los partidos políticos que gobernaron antaño, se acaben por arte de magia, dichos movimientos. ¿Será acaso una estrategia política para desprestigiar al gobierno actual, y una vez logrado su cometido, acabar con las marchas para quedar como héroes de una sucia estratagema bien planeada por parte de los opositores? A estas alturas, vuelvo a cuestionarme: ¿Quién está detrás de tales movimientos, que afectan las al ciudadano promedio que a los representantes del poder?. Saque Usted sus conclusiones, querido lector.

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