Inevitable no poner esta semana una cara de hilarante sorpresa, al enterarnos que nuestro Alcalde Municipal, fue nuevamente galardonado como el mejor alcalde de México (no quisiera imaginar cuál es la situación del Municipio cuyo Edil quedó el último lugar). La empresa que otorgó tan honorable presea, debe de aclarar a la población en general, si el premio fue al mejor alcalde, -o a contrario sensu-¸al menos peor. Las encuestas del autor de estas líneas, arrojan unos datos completamente opuestos, tan opuestos como la cifra oficial y la cifra real (la cifra negra, como apropiadamente la llamarían los criminólogos) de la Fiscalía General.
Sería verdaderamente fantástico que los problemas sociales se resolvieran aventando diamantina sobre las plazas públicas, y quizás, si tuviese éxito, podríamos agregar algún material más impactante, como lo es la lentejuela o el canutillo (en los parvularios podrán dar información más extensa sobre el tema), para llenar todas las calles de alegres colores, gritando en medio de la algarabía coloquial, al mismo estilo de Don Miguel Hidalgo, ¡que muera el mal gobierno!. Quisiera imaginarme en los zapatos de la presidenta del Supremo Tribunal de Justicia del Estado, o del Fiscal General o del Secretario de Seguridad Pública, totalmente angustiados y en pensamiento reflexivo, dispuestos a cambiar sus políticas de combate a la violencia de género, porque fueron invadidos por un ataque certero de diamantina, la cual para algunos embellece la ciudad, pero para otros (empleados del servicio de limpia municipal) es sólo un grito en el desierto, con el consecuente padecimiento de levantar el desorden de aquellas personas que creyeron que a través de diamantina podían resolver la problemática actual.
Esta manera tan especial de resolver la problemática, da la apariencia que en lugar de una protesta, estamos presenciando el carnaval del Río de Janeiro.
Consideramos que en lugar de protestas, deberíamos de centrarnos en propuestas más racionales y menos descabelladas, acudir a las instancias legislativas correspondientes con iniciativas pensadas a conciencia, y no con la actitud digna de una mente esquizofrénica, propuestas sostenidas con índices, estadísticas, cifras negras y cifras oficiales de las Instituciones encargadas de velar por nuestra seguridad, percepción ciudadana respecto a los bajos o nulos resultados de las Fiscalías de Justicia, el Poder Judicial y las Direcciones de Seguridad Pública. Debemos de exigir a los Congresos locales que se avoquen en la creación de leyes que, más que basándose en ocurrencias del momento, producto de una mente ociosa, sean pensadas y estructuradas en base a razonamientos sólidos y científicos, apoyándose para ello en las diversas ciencias que existen en la materia, por ejemplo, criminología, penología, victimología, psicología, sociología, entre otros, sin dejar de lado así mismo, las estadísticas que arrojan resultados más certeros. Nos parecen altamente cuestionables, las diversas protestas que, a raíz de la victimización de género, se han venido gestado a lo largo y ancho del país. Sólo por citar un ejemplo: El que estas líneas escribe, no concibo la idea de manifestar mi enojo por el robo de la batería de mi automóvil, saliendo a las calles en calzoncillos, gritando vituperios a diestra y siniestra, en una protesta que terminará en vandalizar la casa del vecino, rociando a las autoridades con lentejuelas, diamantina, canutillo, o cualquier otro material que me encuentre en la papelería más cercana.
Es momento de comenzar a caminar de la mano, hombres y mujeres, no con un rumbo incierto hacia lo desconocido, sino hacia un camino previamente establecido, llamado “Congreso del Estado”, y con propuestas en mano, por escrito y sin diamantina, situarnos frente a todas aquellas autoridades que se ostentan como representantes del pueblo, y exigirles, de manera pacífica, que cumplan con su cometido principal, que en este caso es representar a un pueblo enardecido y cansado de los bajos o nulos resultados que han tenido que sufrir en materia de seguridad. Ya basta de marchas y propuestas vandálicas, que más que manifestaciones, pareciera un desfile de antifaces, dignos del carnaval de Veracruz, que sólo llenan de miedo y de vergüenza a las personas que, para su infortunio, les toca sufrir los destrozos que hacen a su paso, al igual que un torbellino fuera de control, el cual no le importa quién se la hizo sino quién se la pague. Hombres y mujeres, mujeres y hombres, no importa quién va primero, ya que cuando se camina de la mano, el orden de los factores no altera el producto. Un abrazo fraternal.
